| Mariátegui y el mundo de hoy |
|
|
|
|
Por Héctor Béjar “Su idea básica de la necesidad de una transformación del injusto régimen económico, político y social del Perú, sigue vigente porque, a pesar de todos los cambios experimentados en sus estructuras sociales, el Perú ha mantenido las viejas estructuras económicas y políticas…” Fragmento, a manera de conclusiones, del Ensayo “Vigencia y Cambio: ensayando una interpretación de José Carlos Mariátegui” (Anuario Mariateguiano. Vol. VII – Nº 7 – 1995)
Terminado el ciclo histórico del socialismo, de cuyo comienzo Mariátegui fue testigo, podríamos hacer una larga enumeración de todas aquellas circunstancias que han cambiado en el mundo y en nuestro país y que, por tanto, invalidarían una aproximación analítica a ellas partiendo de sus ideas. El mundo ha vivido, después de su desaparición, una conflagración mundial, un período de guerra fría, la expansión de los regímenes de socialismo de estado a Europa del Este y el Asia, la desaparición de esos regímenes, cambios importantísimos en la tecnología y la comunicación, la descolonización del África y Asia y muchos otros cambios de similar y grande importancia. En el Perú, la desaparición del régimen gamonalista, la reforma agraria, el crecimiento de la población, el ciclo de nacionalización de recursos naturales y su reversión, el período de sustitución de importaciones y su frustración, la migración y otros cambios de no menor magnitud, también han acontecido. Son demasiadas cosas nuevas, para poder explicarlas desde el pensamiento de un hombre que murió hace más de sesenta años. Sin embargo, una lectura cuidadosa de sus escritos y un reencuentro con su vida, nos permiten ir descubriendo algunos rasgos que lo singularizaron en su época y que, a nuestro juicio, le permitieron tener en su momento un pensamiento singular y perdurable, más allá de las contingencias de cada época del ciclo: 1. Su idea básica de la necesidad de una transformación del injusto régimen económico, político y social del Perú, sigue vigente porque, a pesar de todos los cambios experimentados en sus estructuras sociales, el Perú ha mantenido las viejas estructuras económicas y políticas que permiten la extracción de su riqueza sin beneficio para el país, la concentración de los ingresos en una capa minoritaria de la población y la exclusión de las mayorías nacionales del poder económico y políticos y de los servicios sociales más elementales. Los importantes cambios sociales que el Perú ha experimentado durante los últimos sesenta años modifican la manera de ser de este sistema pero no alteran lo fundamental. Las manifestaciones de nuestra crisis han cambiado pero las causas permanecen asentadas en su estructura consistente en la concentración del poder económico y político en pocos grupos y la dominación del país por poderes extranacionales. 2. De lo anterior se desprende la vigencia de la tarea por la construcción de un Perú nuevo. Quizá en nuestra época el Perú ya no sea solamente una idea, un concepto por crear, como Mariátegui lo comprobó en su tiempo refiriéndose al país que le tocó vivir, sino una realidad más integral, activa y consistente, con fuerzas más vitales y promisoras que a comienzos de siglo. Siempre es difícil establecer este tipo de comparaciones. Pero, precisamente porque la situación se ha hecho hoy más rica y compleja que en el pasado, las desigualdades e injusticias que su generación denunció tienen hoy nuevas expresiones. Debido a ello también, pero sobre todo a la acción regresiva de los grupos dominantes y a los múltiples errores cometidos por quienes en sucesivas épocas optaron por el cambio del país, las tareas iniciales que diseñó en líneas gruesas para el futuro sólo han sido cumplidas en parte. La necesidad de renovación, de cambios sustantivos en el sistema productivo y en nuestro funcionamiento económico debieran abrirse paso en la conciencia del pueblo y de nuestras clases gobernantes. Debido a ello, la necesidad de propiciar un profundo cambio de estructuras económicas y sociales en América Latina y el Perú, persiste ahora más que nunca. Necesitamos salir de esta situación de pasmo, en que todas las formas de explotación y de miseria material y moral -incluidas las más terribles-, contagian la sociedad entera, amenazando su propia existencia material y hasta nuestra propia subsistencia física como seres vivientes, mientras las enormes potencialidades de nuestras naciones continúan bloqueadas por sistemas obsoletos. Por eso es que, al fin del ciclo que Mariátegui inició, hemos llegado a un momento límite que precisa un nuevo programa para el país. No podríamos acompañar hoy con nuestra adhesión por ejemplo, el editorial del número uno de Amauta, donde Mariátegui decía que no tenemos necesidad de un programa sino de un destino, un objeto. Hoy día tenemos necesidad de ambos, de un destino y de un programa. Las ideas fuerza de la nacionalización de recursos naturales, la distribución de la gran propiedad de la tierra y el antiimperialismo por las cuales luchamos y que movilizaron las grandes corrientes renovadoras de nuestro siglo, o están agotadas o no son suficientes para enfrentar los nuevos fenómenos económicos y encarar los difíciles problemas de un país más grande, más complejo y diverso que aquél que conocieron nuestros ideólogos de los años veinte. 3.- ¿Cómo propiciar y luego impulsar estos cambios necesarios y cada vez más urgentes? Una actitud que lo caracterizó siempre, puede todavía servirnos: comprender el mundo que nos rodea, mantener una conducta de apertura a las nuevas ideas y realidades, sabiendo que la realidad será siempre más rica que las teorías, y que las desafiará constantemente. "Pienso que no es posible aprehender en una teoría el entero panorama del mundo contemporáneo", dijo en su prólogo a La Escena Contemporánea, aludiendo a la complejidad y riqueza de los acontecimientos que le había tocado presenciar, pero esa sería también su actitud permanente en referencia a los nuevos datos de la realidad que le tocaba observar y analizar. En efecto, también hoy, son amplios niveles de comprensión de la nueva realidad que vivimos y no solamente las teorías de que disponemos, siempre parciales e insuficientes, aquellos que pueden ayudar a orientarnos en la cada vez más intrincada complejidad del mundo contemporáneo y a investigar y aprender los nuevos datos que nos ofrece la realidad peruana. Por ello, su idea de que las transformaciones sociales deben apoyarse en la realidad objetivamente considerada, también forma parte, a nuestro juicio, de sus planteamientos básicos. En su mensaje al Congreso Obrero publicado en el número 5 de Amauta, Mariátegui recalca esta necesidad al hablar así del marxismo: "...es un método que se apoya íntegramente en la realidad, en los hechos. No es, como algunos erróneamente suponen, un cuerpo de principios de consecuencias rígidas, iguales para todos los climas históricos y todas las latitudes sociales. Marx extrajo su método de la entraña misma de la historia". Como hemos sostenido a lo largo de este ensayo, ello le significó considerar en el Perú de su época, la necesidad de tomar en cuenta a los pueblos indígenas, su situación histórica, pensamientos, sentimientos y creencias, como elementos fundamentales del proceso de cambio social que él postulaba. En las actuales circunstancias, una nueva consideración de la realidad social, tal como se da hoy día, sigue siendo una tarea crucial y una mirada atenta y objetiva es indispensable. El país debe estudiarse a sí mismo en búsqueda de su identidad y de sus propias posibilidades. 4. Por afirmarse en la realidad y pretender un surgimiento colectivo teniendo al pueblo obrero o indígena como protagonista, la concepción del cambio social que Mariátegui postuló era democrática, respetuosa de las identidades sociales existentes, del rol que los agentes sociales podían jugar en el proceso de cambios. Esta simultaneidad entre una concepción radical del cambio, una atenta observación realista de las condiciones de cada etapa y una concepción democrática que no opone democracia con revolución ni utopía con realismo, es la que confiere al pensamiento de Mariátegui su originalidad y también su perdurabilidad. Para Mariátegui, la democracia no era solamente la suma de instituciones parlamentarias, sino un ejercicio que permite a los hombres y mujeres asumir responsabilidades sin transferirlas a otros, y que obliga a las instituciones a cambiar. Es difícil encontrar en sus escritos el concepto democracia como un ente aislado; por el contrario, este concepto está implícito y es consustancial a la acción de los entes colectivos en quienes él cifraba sus expectativas de transformación revolucionaria. Retornemos a sus puntos de vista sobre el liberalismo. Mariátegui no reprochaba al liberalismo haber iniciado la construcción de las libertades del individuo, sino haber tocado sus propios límites y no ser capaz de incorporar a la democracia las nuevas identidades colectivas de su tiempo. Verificaba simultáneamente que los extremismos de su época, al no tener en cuenta los reales sentimientos populares, ponían en peligro las jóvenes democracias europeas. Ni conciliación ni domesticación por las burguesías; pero tampoco violencia irresponsable y jacobina: tal parece haber sido su actitud. De allí deduce Mariátegui, en el curso de la lucha por este cambio así concebida, sus diferencias con el conciliacionismo frente al sistema, pero a la vez con los extremismos jacobinistas. Por eso decía en el mismo documento: "...así como hay que elevarse sobre un positivismo venal y grosero, hay que elevarse también por encima de sentimientos e intereses negativos, destructores, nihilistas". 5. Finalmente, caracterizó a Mariátegui su vocación latinoamericanas internacionalista en los términos de vinculación del Perú con otras realidades sociales del mundo. Luchar por un Perú nuevo en un mundo nuevo, reafirmada hoy por el proceso de mundialización que hace imposible el sueño de las autarquías, planteando el tema de las necesarias autonomías nacionales de decisión en un mundo interdependiente. Esa fue la concepción que separó a Mariátegui de los nacionalismos, concebidos como fenómenos aislacionistas y anacrónicos. Nos parece pues que lo perdurable de Mariátegui no son siempre las afirmaciones mismas, sino lo que hay detrás de esas afirmaciones, su manera de pensar y analizar la realidad.
Ello explica por qué, a pesar de que en el Perú de los años 90, el de la década del 20 es casi irreconocible, ciertas líneas maestras del pensamiento de este hombre son frescas, vigentes y útiles para nosotros hoy día. Como a pesar de lo discutible de ciertas afirmaciones de Mariátegui comparadas con la realidad de hoy y los hallazgos posteriores de la investigación económica y social, él resulta siendo creador de una obra clásica, es decir, perdurable, y a la vez autor de un reto lanzado hacia nuestras generaciones para seguir luchando por las transformación social que él propugnó |
| Ultima actualización ( Viernes 15 de Junio de 2012 02:57 ) |


