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¡Qué nadie se confunda, ganó el chavismo! PDF Imprimir Correo electrónico
Miércoles 17 de Abril de 2013 05:37
  

Por Alfredo Serrano Mancilla

Coordinador América Latina CEPS. Doctor en Economía

 


 
 

Como siempre, después de una cita electoral, suele llegar el período sosegado para los análisis e interpretaciones. Esta vez la calma no llegó con los resultados definitivos.

 

Nicolás Maduro ganó las elecciones; Henrique Capriles las perdió. La diferencia fue más estrecha que otras veces (262.473 votos; 1,7%) aunque ésta no impide alcanzar una cifra record en cualquier democracia: el chavismo consigue así ganar en 17 de las 18 elecciones en los últimos 15 años. La novedad en esta pelea, como todos ya saben, es que Chávez no fue el candidato aunque haya tenido un gran protagonismo durante toda la campaña. Maduro se postulaba como representante oficial del chavismo; Capriles como nuevo gran intento de ser el exitoso líder opositor posneoliberal en América latina que desbanque una alternativa de izquierdas. De nuevo, lo que sucede en Venezuela es más que una disputa interna; toda la región y buena parte del mundo continúan atentos a los hechos que se vienen produciendo en estos días pos electoral.

 

A pesar que las primeras fotografías mostraban a un Capriles radiante y a un Maduro cabizbajo, la verdad es que es Maduro quien ganó su primera elección y Capriles el que pierde consecutivamente su segunda (presidencial) en menos de medio año. Esto no quiere decir ni mucho menos que el candidato perdedor se debiera sentir derrotado después del amplio caudal de votos que se han declinado por su propuesta. Capriles lograba el domingo un objetivo muy perseguido: construirse a sí mismo como un nuevo referente de masas que dejara atrás la imagen del asalto a la embajada de Cuba en aquel golpe de Estado del 2002. La derecha latinoamericana seguramente también se puso muy feliz con esos más de siete millones de votos a favor de una suerte de adalid de la nueva corriente latinoamericana, que sabe que no puede vencer a las revoluciones progresistas (nacional-plebeya-popular) si no es aceptando que el nuevo campo político ya no es el del neoliberalismo. De nuevo, Venezuela se pone a la vanguardia en lo regional. Si antes fue Chávez quien primero ganara las elecciones de 1998 en pleno auge del capitalismo neoliberal; es ahora Capriles el primer candidato de derechas que obtiene desde el juego democrático un grandísimo resultado electoral sin proponer libertad de capital. Por ejemplo, Chávez puso a Bolivar en el centro de la escena venezolana, como el gran prócer libertador; Capriles lo tomó hasta en el nombre de su comando de campaña. Y no le puso Comando Hugo Chávez porque esto sí hubiese sido demasiada provocación para su ala fascista.

 

Bromas aparte, es cierto que la gran victoria del chavismo es que la oposición tuvo que acudir a sus símbolos y sus propuestas. Capriles conseguió de esta forma ampliar el espectro de su electorado: le dio cabida desde a esa clase ultra enriquecida hasta un nuevo público menos fiel que le creyó su discurso de socialdemócrata. Logró en esta elección tener de su parte a ese otro pueblo no tan movilizado, aparentemente menos politizado e ideologizado, pero que cuenta mucho cuando se trata de tener los votos suficientes para ganar.

 

Era el momento de la verdad: saber si Capriles era el demócrata que había obtenido muchos millones de votos o se desvestía para seguir siendo el golpista que siempre fue. La tarea de gestionar tanto apoyo no siempre es sencilla. Y a Capriles se le atragantó tanto voto, no suficiente para gobernar. Nunca resulta fácil digerir este tipo de éxito sin medalla de oro: "Sí llegué a la final, jugué genial, pero en el último minuto, volví a salir vencido".

 

Por ello, después de perder las elecciones, Capriles no fue ni caprichito ni burguesito tal como lo llamó Nicolás Maduro tantas veces en la campaña. Capriles, desde la máxima seriedad y en conciencia, desconoció la voluntad del pueblo. Todavía no sabemos si esta decisión es pura táctica para seguir siendo protagonista mediático, o es una estrategia duradera de acuse y derribo por la vía más anti democrática que pueda existir. A Capriles no le había ido tan mal alejándose de aquel que participó en el golpe de Estado. Pero, esta vez, ha tirado todo por la borda en menos de 48 horas desconociendo los resultados de una elección popular, incitando a la violencia y a la desestabilización, y procurando buscar un clima de ingobernabilidad para proponer su pretendido Gran Pacto de transición. Es la transición el deseo de la derecha venezolana desde la muerte de Chávez. Y como esta vez tampoco hubo lugar para transición alguna, ellos (con Capriles a la cabeza) decidieron forzarla por la vía anti democrática.

 

Capriles se ha equivocado con su forma de asimilar esta derrota siendo ahora el único responsable de los 7 muertos y de los heridos. Desconoció al nuevo presidente constitucional elegido por el pueblo. Esta jugada no fue casual porque se vino preparando desde hace días: en un primer momento, fue cuestionar la enfermedad de Chávez, luego fue afirmar que no habría elecciones, y cuando las hubo, y las perdieron, pues fue el momento de inventar una nueva excusa para seguir desestabilizando. Pidieron recuento del voto a pesar que por norma ya se ha procedido a una auditoría del 54%; el propio rector del Consejo Nacional Electoral (CNE), Vicente Díaz, muy opositor al chavismo, afirmó que "todo fue limpio". Es preciso además recordar que en todos los colegios electorales, al menos en una mesa, los comprobantes de voto fueron recontados y auditados (así lo índica el artículo 439 del Reglamento general de la Ley Orgánica de Procesos Electorales). El acompañamiento internacional también ha destacado la limpieza del mejor sistema electoral del mundo (en palabras del ex presidente estadounidense, Carter). Ya son muchos los presidentes que han felicitado al nuevo Presidente electo Constitucional, legal y legítimo, de Venezuela: los Brics (con Rusia y China a la cabeza) y la Unasur (con Brasil, Argentina y Colombia). Lo curioso ha sido España que dijo que no para decir luego que sí cuando habrá pensado el coste económico que le supone amenazar sin credibilidad a su proveedor de petróleo. A Capriles sólo le queda lo de siempre, pedirle a Estados Unidos que diga algo, o que resuelva la dolida OEA en tono revanchista después de sentirse cada vez más eclipsada por la CELAC (donde está Cuba y no los Estados Unidos).

 

Fue muy torpe Capriles. Tenía por delante el momento ideal para haber sido proclamado el gran opositor al chavismo en los próximos años y ser considerado como un referente de las derechas democráticas latinoamericanas. Lo más absurdo de esta apuesta suicida es que si hubiese habido un momento fértil para que el chavismo hubiera hecho auto crítica sería justo en estos días después de un resultado tan ajustado. Seguro que ahora el chavismo se pliega más que nunca, se vuelve a unir como siempre, y cierra filas porque vuelve a sentir que el enemigo está con ganas de golpes.

 

Capriles ayer reculó pero sólo a la hora de dar marcha atrás en su convocatoria violenta en frente del CNE. Sin embargo, en ningún momento, condenó la violencia en las calles venezolanas, ni pidió perdón por las muertes ocasionadas. Hubiera sido mucho más locuaz que en vez de presentar un power point mostrando supuestas incidencias hablando a su prensa internacional, hubiese ido al CNE a pedir oficialmente que se investigara todo lo que él considerara que fuese ilegal. Capriles no cree en las instituciones, y lo volvió a demostrar.

Cuando pase todo esto, ojalá que sea pronto, se podrá volver a la serenidad para analizar mejor qué sucedió para que hubiese una victoria tan estrecha entre el Hijo de Chávez y el Hijo del Golpismo.  
Ultima actualización ( Miércoles 17 de Abril de 2013 05:42 )
 
Maduro: Una victoria necesaria PDF Imprimir Correo electrónico
Martes 16 de Abril de 2013 02:05
 


Por Atilio Boron*

Publicado en Página 12

 


 

Era fundamental que ganase Nicolás Maduro, y ganó. Pero ganó a duras penas, lo cual exige desentrañar las causas del bajón sufrido por el chavismo y el notable aumento experimentado por la derecha. Fue una victoria que puso en evidencia la endeblez metodológica de las encuestas que de uno y otro lado pronosticaban una holgada victoria del candidato chavista. Sobre el veredicto de las urnas lo primero que hay que decir es que su desconocimiento por parte de Henrique Capriles no es en modo alguno sorprendente. Es lo que señala para casos como éste el manual de procedimientos de la CIA y el Departamento de Estado cuando se trata de deslegitimar un proceso electoral en un país cuyo gobierno no se somete a los dictados del imperio. Si bien la distancia entre uno y otro fue muy pequeña, no tuvo nada de excepcional a la luz de la historia venezolana: en las elecciones presidenciales de 1978 Luis Herrera Campins, candidato del Copei, obtuvo el 46,6 por ciento de los votos contra el 43,4 de su rival de Acción Democrática. Diferencia: 3,3 por ciento, y el segundo reconoció de inmediato el triunfo de su contendor. Antes, en 1968, otro candidato del Copei, Rafael Caldera, accedió a la presidencia con el 29,1 por ciento de los sufragios, imponiéndose sobre el candidato de AD, Gonzalo Barrios, quien obtuvo el 28,2 por ciento de los votos. Diferencia: 0,9 por ciento y asunto concluido. Más próximo en el tiempo, contrasta con el autoritario empecinamiento de Capriles la actitud del por entonces presidente Hugo Chávez que, en el referendo constitucional del 2007, admitió sin más trámite su derrota cuando la opción por el No obtuvo el 50,6 por ciento de los votos contra el 49,3 por ciento del Sí a la reforma que él favorecía. A pesar de que la diferencia fue de poco más del uno por ciento, Chávez reconoció de inmediato el veredicto de las urnas. Toda una lección para el ofuscado perdedor.

 

Resultados electorales muy ajustados son más frecuentes de lo que se piensa. En Estados Unidos, sin ir más lejos, en la elección presidencial del 7 de noviembre de 2000 el candidato demócrata Al Gore se impuso en la votación popular con el 48,4 por ciento de los votos, contra el republicano George W. Bush, quien obtuvo el 47,9 de los sufragios. Como se recordará, una fraudulenta maniobra efectuada en el Colegio Electoral del estado de Florida –cuyo gobernador era casualmente Jeb Bush, hermano de George W.– obró el milagro de “corregir los errores” en que había caído un sector del electorado de la Florida posibilitando el ascenso de Bush a la Casa Blanca. En suma, el que perdió ganó, y viceversa: todo un ejemplo de soberanía popular de la democracia estadounidense. En las elecciones presidenciales de 1960 John F. Kennedy, con el 49,7 por ciento de los sufragios, se impuso a Richard Nixon que cosechó el 49,6. La diferencia fue de apenas el 0,1 por ciento, poco más de 100.000 votos sobre un total de unos 69 millones, y el resultado fue aceptado sin chistar. Pero en Venezuela las cosas son diferentes y la derecha grita “fraude” y exige un recuento de cada uno de los votos, cuando ya Maduro accedió a efectuar una auditoría. Llama la atención, no obstante, la intolerable injerencia del inefable Barack Obama que no dijo ni una palabra cuando le robaron la elección a Al Gore pero encontró tiempo ayer por la tarde para decir, por boca de su vocero, que era “necesario” y “prudente” un recuento de los votos dado el resultado “extremadamente reñido” de las elecciones venezolanas. ¿Admitiría que un gobernante de otro país le dijera lo que tiene que hacer ante las poco transparentes elecciones estadounidenses?

 

Dicho lo anterior, ¿cómo explicar la fuga de votos experimentada por el chavismo? Por supuesto, no hay una sola causa. Venezuela transitó desde la aparición de la enfermedad de Chávez (8 de junio de 2011) por un período en donde las energías gubernamentales estuvieron en gran medida dirigidas a enfrentar los inéditos desafíos que tal situación planteaba para un experimento político signado por el desbordante activismo del líder bolivariano y por el hiperpresidencialismo del régimen político construido desde 1998. Esa caracterización en un primer momento molestó a Chávez, pero luego hidalgamente terminó por reconocer que era correcta. Premonitoriamente Fidel le había advertido, ya en el 2001, que debía evitar convertirse “en el alcalde de cada pueblo”. En todo caso, el desconcierto que emanaba de la forzada inactividad de Chávez impactó fuertemente en la gestión de la cosa pública, con el consecuente agravamiento de problemas ya existentes, tales como la inflación, la estampida del dólar, la paralizante burocratización y la inseguridad ciudadana, para no mencionar sino algunos. Problemas, no está de más recordarlo, a los que se había referido más de una vez el propio Chávez y para enfrentar los cuales había planteado la necesidad del “golpe de timón” anunciado en el primer Consejo de Ministros del nuevo ciclo iniciado luego de la victoria del 7 de octubre del 2012, durante el cual el líder bolivariano hizo un fuerte llamado a la crítica y la autocrítica, exigiendo a sus colaboradores mejorar radicalmente la eficiencia de ministerios y agencias, fortalecer el poder comunal y desarrollar un sistema nacional de medios públicos como ineludibles prerrequisitos de la construcción del socialismo. Señalaba en su intervención que “a veces podemos caer en la ilusión de que por llamar a todo socialista ... uno puede pensar que con eso, el que lo hace cree que ya, listo, ya cumplí, ya le puse socialista, listo; le cambié el nombre, ya está listo”. De ahí su fuerte exhortación a fortalecer los consejos comunales, la socialización de la economía, la cultura y el poder. Decía, con razón, que “no debemos seguir inaugurando fábricas que sean como una isla, rodeadas del mar del capitalismo, porque se las traga el mar”. Pero junto a estos problemas de la gestión estatal hubo otros factores que también contribuyeron a la creación de un malestar social y un malhumor público: la derecha y el imperialismo trabajaron activamente, como lo hicieran en el Chile de Salvador Allende, para sabotear el funcionamiento de la economía y exasperar el ánimo de la población mediante el metódico desabastecimiento de productos esenciales, los cortes de energía eléctrica, la sospechosa actividad de grupos de paramilitares sembrando el terror en los barrios populares y la persistente campaña de denuncias y agravios en contra de Maduro vehiculizadas y agigantadas por su enorme gravitación en el manejo de los medios de comunicación de masas, facilitando así la deserción de un numeroso contingente de votantes.

 

La Revolución Bolivariana enfrenta una situación delicada pero que está lejos de ser desesperante o provocar la caída en un angustioso pesimismo. El desfachatado entrometimiento de Washington refleja su urgencia para acabar con la pesadilla chavista “ahora o nunca”, consciente de que se trata de una situación pasajera. Ante esto, Maduro como presidente tiene que responder con serena firmeza, evitando caer en las previsibles provocaciones que le tiendan sus enemigos. Es innegable que tiene ante sí una sociedad partida al medio, donde la derecha por primera vez demuestra tener la capacidad para encuadrar y movilizar, al menos en el día de las elecciones, al 50 por ciento del electorado. Recuperar el predominio en ese terreno no es imposible, pero dependerá menos de la radicalidad de los discursos del oficialismo que de la profundidad y eficiencia de las políticas concretas que adopte Miraflores; dependerá, en suma, de la calidad de la gestión gubernamental para enfrentar los principales problemas que agobian a la población, tema sobre el cual Maduro insistió sensatamente en su discurso de anteanoche. No habría que subestimar, en este cuadro, el hecho de que hasta el 2016 la Asamblea Nacional tendrá una holgada mayoría chavista (95 sobre 165) y que el nuevo presidente contará con el apoyo de 20 de los 23 gobernadores de la República Bolivariana. La correlación de fuerzas, por lo tanto, sigue mostrando un claro predominio del chavismo, y la respuesta de numerosos gobiernos de la región y de fuera de ella –como China y Rusia, entre otros– agrega un importante reaseguro para la necesaria gobernabilidad y para avanzar en el impostergable cumplimiento del testamento político de Chávez, el ya aludido “golpe de timón”. Estamos seguros de que el bravo pueblo venezolano estará a la altura de las circunstancias y de los retos que plantea la actual coyuntura.


* Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. 
Ultima actualización ( Martes 16 de Abril de 2013 16:26 )
 
Margaret Thatcher: La generala del neoliberalismo PDF Imprimir Correo electrónico
Domingo 14 de Abril de 2013 17:13
  

Por Alberto Adrianzén M.


 
 

No dudo que el gobierno de Margaret Thatcher marcó toda una época. Fue el inicio de la hegemonía neoliberal a nivel mundial impuesta muchas veces a sangre y fuego. De políticas que achicaban el Estado, que desregulaban el mercado, que defendían a dictadores como Pinochet y acusaban a Mandela de terrorista. Hoy felizmente ese legado está en discusión y en retroceso tanto en Europa como en América Latina.

  

No resulta extraño que los funerales de Margaret Thatcher tengan sobre todo un sesgo militar. Thatcher era, en verdad, además de política, una auténtica soldada porque siempre estaba en guerra. Sus enemigos eran el socialismo, los sindicatos y el Estado de Bienestar. Era el inicio del llamado fin de la historia.

  

Morrissey, el cantante inglés, resume bien el significado de esta postura: “Cada movimiento que hacía estaba cargado de negatividad: destruyó la industria manufacturera británica, odiaba a los mineros, odiaba las artes, odiaba a los luchadores de La Libertad irlandeses y los dejó morir, odiaba a los ingleses pobres y no hizo nada por ayudarles, odiaba a Greenpeace y a los activistas por el medio ambiente… Dio la orden de volar El Belgrano (buque argentino) aún cuando éste se encontraba fuera de la zona de exclusión de las Malvinas… ¡y se estaba alejando de las islas! Cuando los jóvenes argentinos a bordo de El Belgrano estaban sufriendo la más horrible e injusta de las muertes, Thatcher le hizo el símbolo de La Victoria a la prensa británica”. En una de sus canciones, “Margaret en la guillotina”, su opinión es aún más explícita: “¿Cuándo te mueres?/por favor, muere”.

  

Otro ejemplo de este tipo de opiniones es la postura del director de cine británico Ken Loach quien, echando mano de la ironía, llamó a privatizar el funeral de la Dama de Hierro. “Es lo que ella habría querido”, ha dicho en alusión a la política de privatizaciones que impulsó la que fue primera ministra del Reino Unido. Loach llega a esta conclusión tras afirmar que Thatcher fue la primera ministra británica más destructiva de los tiempos modernos:

  

“Es por las políticas que ella impulsó por la que estamos en el desastre actual”. La opinión de Loach es compartida por los miles de personas que han firmado una petición en la web del Gobierno del Reino Unido para que no haya funeral de Estado para la Dama de Hierro (elPeriódico.com 11/04/13). Margaret Thatcher fue, pues, una “dama de hierro” para los trabajadores y sindicatos, pero un guante blanco y aterciopelado para los ricos y banqueros ingleses quienes amasaron grandes fortunas.

  

Thatcher no era, por lo tanto, un personaje controversial sino más bien polar. No había término medio en las opiniones sobre ella; tampoco un consenso mínimo sobre sus posiciones. Unos la querían siempre viva y otros, simplemente, muerta. Unos le reconocían toda clase de méritos, otros le negaban todo. Por eso su muerte, curiosamente, fue celebrada por muchos ingleses.

  

Ahí están las imágenes: hombres y mujeres bailando en plazas públicas, descorchando botellas de vino y abriendo otras de champaña; incluso, viejos obreros del carbón, despedidos gracias a su política de privatizar el Estado y desregular la economía, hicieron una gran fiesta al conocer el fallecimiento. La pinta en una de las calles de Irlanda del Norte, territorio ocupado por los ingleses, grafica este estado de ánimo: “¿Dama de Hierro?, oxídate en paz”.

  

Y si bien para muchos las políticas de Thatcher son la causa principal de la grave crisis en la que hoy vive Inglaterra, creo que su principal herencia o legado fue la derrota de la clase obrera en ese país o lo que el joven escritor inglés Owen Jones ha llamado, en un reciente libro, que es un boom literario en Europa, la “demonización de la clase obrera”.

  

Para Owen el thatcherismo logró que “la pobreza y el paro ya no son percibidos como problemas sociales, sino en relación con los defectos individuales: si la gente es pobre, es porque es vaga. ¿Para qué tener entonces un Estado del Bienestar?” Sin embargo, lo más importante, como dice el propio Owen en una entrevista reciente, es lo siguiente:

  

“El partido conservador proclamó en 1976 que el problema no es la existencia de clases sino la existencia del sentimiento de clase. Quienes dicen que el concepto de clase es un dinosaurio son los más interesados en negarlo porque saben bien que cuando se habla de clase se está hablando sobre quién tiene poder y riqueza. Conviene decir que ‘todos somos clase media’ incluso cuando la concentración del poder en este país ha llegado a niveles victorianos. Un informe de la ONU ha sugerido que Reino Unido es la sociedad menos igualitaria del mundo desarrollado. Por eso, los periodistas ricos y los políticos acomodados no quieren hablar de clase”. Es una sociedad sin clases y sin conflictos.

  

No dudo que el gobierno de Margaret Thatcher marcó toda una época. Fue el inicio de la hegemonía neoliberal a nivel mundial impuesta muchas veces a sangre y fuego. De políticas que achicaban el Estado, que desregulaban el mercado, que defendían a dictadores como Pinochet y acusaban a Mandela de terrorista.



Hoy felizmente ese legado está en discusión y en retroceso tanto en Europa como en América Latina. Aquí, por ejemplo, nos quieren convencer que finalmente hemos entrado al nuevo reino de la clase media, como dice Owen. Y eso, cuando menos, amerita ser discutido. Porque la lucha y los intereses de las clases existen; como también la izquierda y la derecha, es decir “e pur si muove”, si no pregúntenles a los ingleses.
 
Ultima actualización ( Martes 16 de Abril de 2013 16:27 )
 
Venezuela: la candidatura de la patria PDF Imprimir Correo electrónico
Domingo 07 de Abril de 2013 15:11
 


Por Elías Jaua

Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela

 


 

El Comandante Presidente Hugo Chávez, en diciembre de 2010, en medio de las inundaciones de aquel año y en el marco de un proceso de reflexión político ideológica que veníamos haciendo, a propósito de los resultados de las elecciones parlamentarias, nos leyó a un grupo de compañeros y compañeras, estaba allí el compañero Presidente Nicolás Maduro, una carta donde el Libertador Simón Bolívar le responde al General Urdaneta, para entonces Presidente encargado de Colombia, la solicitud que éste le hace en Enero de 1830, para que asuma la Presidencia de facto de Colombia.

 

Nuestro Padre Bolívar, le responde que él no será el Presidente de una facción, que primero hay que pacificar los focos de violencia y luego convocar a elecciones y sólo allí se sabría si había Patria o no había Patria a la cual servirle.

 

Ese fue el punto de partida de una larga reflexión que nuestro Comandante Chávez nos hizo, y de la cual surgió más tarde la convocatoria al Gran Polo Patriótico, en la convicción que él tenía de que en las elecciones de 2012, nos enfrentaríamos al mismo dilema bolivariano de 1830, tener o no tener Patria. Es así como, el 7 de octubre de 2012, el Comandante Chávez nos condujo a otra gran victoria popular y seguimos teniendo Patria.

 

El 8 de diciembre de ese mismo año, en el mensaje conocido, nos dijo “Hoy tenemos Patria, que nadie se equivoque” y nos pidió que si él no podía continuar al mando de la presidencia, eligiéramos a Nicolás Maduro Moros como Presidente para continuar la obra de la revolución bolivariana. “Se los pido desde mi corazón”, textualmente expresó.

 

La partida física de nuestro Comandante Supremo, obliga a la convocatoria a elecciones presidenciales, el próximo 14 de abril, y Nicolás Maduro encarna ahora la candidatura de la Patria. Los primeros recuerdos que tengo del camarada Nicolás, son de agosto de 1991, en reuniones de la Coordinadora Popular de Caracas, donde diversas organizaciones planificábamos un paro de un día contra el Paquetazo Neoliberal de Carlos Andrés Pérez. Nicolás representaba al sindicato del Metro de Caracas, pero nosotros sabíamos que era “ligoso”, como les decíamos a los camaradas que militaban en la Liga Socialista.

 

El paro planificado, en Caracas fue un éxito, en aquel agosto. Fue uno de los preludios, junto a las grandes movilizaciones estudiantiles de noviembre de ese mismo año, de la rebelión del 4- F de 1992.

 

Luego, hacia 1996, 1997 comencé a verlo en algunas reuniones del naciente MVR, con los recelos que nos veíamos, en el seno del movimiento bolivariano, quienes veníamos de militar en distintas organizaciones de izquierda, pero al fragor de la campaña electoral de 1998 para elegir Presidente a nuestro Comandante Chávez, nos fuimos conociendo y ganando confianza mutua, el grupo de compañeros y compañeras civiles y militares que trabajamos entorno al naciente gigante.

 

En 1999, compartimos el histórico espacio de la Asamblea Nacional Constituyente, y allí tuvimos muchas veces que conspirar junto a otros y otras camaradas, para confrontar el reformismo que intentaba frenar el carácter revolucionario que el Comandante Chávez y nuestro pueblo reclamaba para la nueva Constitución.

 

La confrontación de clases, planteada por la burguesía en el 2001, 2002 y 2003, nos forjó aún más. De esas batallas, militares y civiles patriotas, salimos fortalecidos en nuestro compromiso patrio y revolucionario, en la conciencia de la necesidad de la unidad cívica militar y en nuestra lealtad al Comandante Chávez.

 

Luego de la victoria popular, que coronamos con la ratificación de nuestro Presidente en agosto de 2004, compartimos con Nicolás Maduro el privilegio de ser ministros del gigante Chávez, y estar muchas horas junto a él aprendiendo, asimilando el sueño, el pensamiento y los proyectos concretos del Comandante Chávez para nuestra amada Patria, para el pueblo de Venezuela, especialmente para el pueblo pobre y sufriente.

 

De tantas experiencias, quiero compartir con Uds. un recuerdo, fue la vez que el Comandante nos explicó cómo distribuir las finanzas públicas, nos dijo que una parte había que dedicarla al funcionamiento del Estado y a la sociedad corporativizada (sindicatos, gremios, universidades, militares etc.), otra parte para la inversión pública productiva y luego mirándonos a los ojos nos dijo “y otra parte muy importante, para los pobres, para los que no tienen a nadie que pida por ellos”. Nicolás estaba allí.

 

Nicolás pudo aprehenderla capacidad de liderazgo y el don de mando que el Comandante Chávez practicaba y sobre todo su infinito amor por el prójimo. Me consta, Nicolás Maduro está formado por Chávez y va estar apoyado por nosotros, un equipo formado por Chávez, no sólo en el arte de gobernar, sino sobre todo formado ideológicamente para no dudar en defender los intereses de nuestra Patria y en saber escoger siempre la opción preferencial por los pobres, la opción de Cristo, la sociedad Socialista.

 

Nicolás, junto a otros compañeros y compañeras, acompañamos humanamente el proceso de enfermedad y tratamiento del Comandante Chávez. En estos dos últimos años, pudimos adentrarnos en la inmensa y hermosa espiritualidad de un hombre bueno, de un cristiano autentico: Hugo Chávez. Lo acompañamos como unos hijos e hijas apoyan a un padre, y eso nos hizo hermanos.

 

Yo no tengo dudas, además que estoy juramentado como todos nosotros por el Comandante Chávez para elegirlo Presidente, de que Nicolás es un hijo de Chávez y será un Presidente Patriota.

 

Si alguien tiene dudas, lo invito y la invito a responderse estas preguntas: ¿Quién es el candidato de Chávez y quién es el candidato del antichavismo?, ¿Quién es el candidato bolivariano de la Patria y quién es el candidato pitiyanqui?, ¿Quién es el candidato obrero y quién es el candidato burgués? ¿Quién es el candidato socialista y quién es el candidato del capitalismo? ¿Cuál es el candidato que está preparado para cumplir el Programa de la Patria y cuál es el candidato que aplicaría un paquetazo neoliberal?


Por mi parte la respuesta es clara, el 14 de abril, ¡Chávez te lo juro, mi voto es por Maduro, el Candidato de la Patria! 
Ultima actualización ( Domingo 07 de Abril de 2013 15:14 )
 
¿Qué hay detrás del conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte? PDF Imprimir Correo electrónico
Domingo 07 de Abril de 2013 15:07
  

Por Jack A. Smith

Global Research

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

 


 
 

¿Qué está ocurriendo entre Estados Unidos y Corea del Norte que esta semana ha generado titulares como “Aumenta las tensiones de corea” y “Corea del Norte amenaza a Estados Unidos”?

 

 

The New York Times informaba el 30 de marzo:

 

“Esta semana el joven dirigente de Corea del Norte, Kim Jung-un, ordenó a sus subordinados prepararse para un ataque con misiles a Estados Unidos. Se mostró en un centro de mando frente a un mapa colgado en la pared con el atrevido e improbable título de “Planes para atacar el territorio de Estados Unidos”. Unos días antes sus generales se jactaron de haber desarrollado una ojiva nuclear “estilo coreano” que podía encajar en un misil de largo alcance”.

 

Estados Unidos sabe bien que las declaraciones de Corea del Norte no están respaldadas por un poder militar suficiente para implementar sus amenazas retóricas, pero la tensión parece estar aumentando de todos modo. ¿Qué está ocurriendo? Tengo que retroceder un poco en el tiempo para explicar la situación.

 

Desde el final de la Guerra de Corea hace 60 años el gobierno de la República Popular Democrática de Corea del Norte (RPDCN o Corea del Norte) ha hecho repetidas veces prácticamente las mismas cuatro propuestas a Estados Unidos. Estas son:

 

1. Un tratado de paz para poner fin a la Guerra de Corea.

 

2. La reunificación de Corea, “temporalmente” dividida en Norte y Sur desde 1945.

 

3. El final de la ocupación estadounidense de Corea del Sur y la suspensión de los simulacros de combate anuales de un mes de duración entre Estados Unidos y Corea del Norte.

 

4. Negociaciones bilaterales entre Washington y Pyongyang para acabar con las tensiones en la Península de Corea.

 

A lo largo de los años Estados Unidos y su protectorado surcoreano han rechazado cada una de las propuestas. A consecuencia de ello la península ha sido extremadamente inestable desde la década de 1950. Ahora se ha llegado al punto en que Washington ha utilizado sus simulacros de guerra anuales, que empezaron a principios de marzo, para organizar un simulacro de ataque nuclear a Corea del Norte haciendo volar dos bombarderos B-2 Stealth con capacidad nuclear sobre la región el día 28 de marzo. Tres días después la Casa Blanca envió a Corea del Sur aviones de combate no detectables F-22 Raptor, con lo que la tensión aumentó aún más.

 

Veamos qué hay detrás de estas cuatro propuestas:

 

1. Estados Unidos se niega a firmar un tratado de paz para poner fin a la Guerra de Corea. Solo ha accedido a un armisticio, que es un cese temporal del combate por consentimiento mutuo. Se suponía que el armisticio firmado el 27 de julio de 1953 se iba a transformar en un tratado de paz cuando “se lograra un acuerdo pacífico final”. La falta de un tratado significa que la guerra puede volver a empezar en cualquier momento. Corea del Norte no quiere una guerra con Estados Unidos, el Estado con más poder militar de la historia. Quiere un tratado de paz.

 

2. Las dos Coreas existen a consecuencia de un acuerdo entre la Unión Soviética (que hace frontera con Corea y durante la Segunda Guerra Mundial ayudó a liberar de Japón a la parte norte del país) y Estados Unidos, que ocupó la mitad sur. Aunque el socialismo prevalecía en el norte y el capitalismo en el sur, la división no iba a ser permanente. Las dos grandes potencias se iban a retirar al cabo de un par de años y permitir que el país se reunificara. Rusia lo hizo; Estados Unidos, no. Llegó entonces la devastadora guerra de tres años en 1950. Desde esa fecha Corea del Norte ha hecho varias propuestas diferentes para acabar con la separación que dura desde 1945. Creo que la más reciente es “un país, dos sistemas”. Eso significa que aunque se unan ambas partes, el sur sigue siendo capitalista y el norte socialista. Será difícil, pero no imposible. Washington no lo quiere. Trata de conseguir toda la península para llevar su paraguas militar directamente a la frontera con China y también con Rusia.

 

3. Desde el final de la guerra Washington ha mantenido entre 25.000 y más de 40.000 soldados en Corea del Sur. Junto con las flotas, bases de bombarderos nucleares e instalaciones de tropas estadounidenses muy cerca de la península, estos soldados siguen siendo un recordatorio de dos cosas. Una es que “podemos aplastar al norte” y la otra es “Corea del Sur nos pertenece”. Pyongyang lo ve de esta manera (y mucho más desde que el presidente Obama decidió “pivotar” hacia Asia). Aunque este giro contiene aspectos económicos y comerciales, su principal propósito es aumentar el ya considerable poder militar en la región para intensificar su amenaza a China y a Corea del Norte.

 

4. La Guerra de Corea fue básicamente un conflicto entre la República Popular Democrática de Corea del Norte y Estados Unidos. Es decir, aunque varios países de las Naciones Unidas lucharon en la guerra, Estados Unidos se hizo cargo de la guerra, dominó la lucha contra Corea del Norte y fue responsable de la muerte de millones de coreanos al norte de la línea divisoria del paralelo 38. Es completamente lógico que Pyongyang trate de negociar directamente con Washington para resolver las diferencias y lograr un acuerdo pacífico que lleve a un tratado. Estados Unidos se ha negado sistemáticamente a ello.

 

Estos cuatro puntos no son nuevos. Se plantearon en la década de 1950. En la década de 1970 visité en tres ocasiones la República Popular Democrática de Corea del Norte, un total de ocho semanas, como periodista del periódico estadounidense The Guardian. Una y otra vez en las discusiones con los altos cargos se me preguntaba por un tratado de paz, la retirada de las tropas estadounidenses del Sur y negociaciones directas. Hoy la situación es la misma. Estados Unidos no va a ceder un ápice.

 

¿Por qué no? Washington quiere librarse del régimen comunista antes de permitir que la paz prevalezca en la península. ¡Nada de “un Estado dos sistemas”, pardiez! Quiere un Estado que prometa lealtad, ¿adivinan a quién?

 

Mientras tanto, la existencia de una “belicosa” Corea del Norte justifica que Washington rodee al norte con un auténtico anillo de potencia de fuego en el noroeste del Pacífico lo suficientemente cerca para casi quemar China aunque no del todo. Una “peligrosa” República Popular Democrática de Corea del Norte también es útil para mantener a Japón dentro de la órbita estadounidense y también es otra excusa para que el antes pacífico Japón se jacte de su ya formidable arsenal.

 

En relación a esto voy a citar un artículo de Christine Hong y Hyun Le publicado el 15 de febrero en Foreign Policy in Focus:

 

“Calificar a Corea del Norte como la principal amenaza para la seguridad de la región oculta la naturaleza falsa de la política del presidente estadounidense Barack Obama en la región, en concreto la identidad entre lo que sus asesores denominan “paciencia estratégica” por una parte y por otra, la postura militar y la alianza con los halcones regionales que ha desplegado. Examinar la agresiva política de Obama respecto a Corea del Norte y sus consecuencias es fundamental para entender por qué las demostraciones de poderío militar (de la política por otros medios, en palabras de Carl von Clausewitz) son las únicas vías de comunicación con Estados Unidos que parece tener Corea del Norte en esta coyuntura”.

 

He aquí otra cita de Brian Becker, dirigente de la coalición ANSWER:

 

“El Pentágono y el ejército de Corea del Sur hoy (y a lo largo del año pasado) han estado organizando masivos simulacros de guerra que simulan la invasión y bombardeo de Corea del Norte. Pocas personas en Estados Unidos conocen cuál es la verdadera situación. El trabajo de la maquinaria de propaganda de guerra está diseñado para asegurarse de que el pueblo estadounidense no se une para exigir que acaben las peligrosas y amenazantes acciones del Pentágono en la Península de Corea.

 

La campaña de propaganda está en pleno desarrollo ahora mientras el Pentágono asciende por la escalera de la intensificación en la parte más militarizadas del planeta. Corea del Norte es considerado el provocador y el agresor cada vez que afirma que tiene derecho a defender su país y capacidad para hacerlo. Incluso cuando el Pentágono simula la destrucción nuclear de un país al que ya trató de bombardear hasta reducirlo a la Edad de Piedra, los medios de comunicación propiedad de las corporaciones caracterizan este acto extremadamente provocativo como un signo de determinación y una medida de defensa propia”.

 

Y otra cita de Stratfor, el servicio de inteligencia privado que suele estar enterado:

 

“Gran parte del comportamiento de Corea de Norte se puede considerar retórico aunque, sin embargo, no está claro hasta dónde quiere llegar Pyongyang si continúa sin poder forzar las negociaciones por medio de la beligerancia”.

 

Aquí se da por sentado el objetivo de iniciar las negociaciones.

 

La “belicosidad” de Pyongyang es casi completamente verbal (quizá varios decibelios demasiado alta para nuestros oídos), pero Corea del Norte es un país pequeño en unas difíciles circunstancias que bien recuerdan la extraordinaria brutalidad que Washington infligió al territorio en la década de 1950. Murieron millones de coreanos. Los bombardeos de saturación estadounidense fueron criminales. Corea del Norte está decidido a morir luchando si vuelve a ocurrir, pero espera que su preparación [militar] impida la guerra y lleve a negociaciones y a un tratado.

 

Su gran y bien adiestrado ejército es defensivo. El propósito de los cohetes que está construyendo y de hablar de armas nucleares es fundamentalmente asustar al lobo que tiene a la puerta de casa.

 

A corto plazo, la reciente retórica encendida de Kim Jong-un es la respuesta directa al simulacro de guerra de un mes de duración de este año de Estados Unidos y Corea del Sur, que interpreta como un posible preludio de otra guerra. El propósito de Kim a largo plazo es crear una crisis lo suficientemente inquietante como para que Estados Unidos acceda finalmente a unas negociaciones bilaterales, y posiblemente a un tratado de paz y a la salida de las tropas extranjeras. Más adelante podría llegar alguna forma de reunificación en negociaciones entre el norte y el sur.

 

Sospecho que la actual confrontación se calmará una vez que terminen los simulacros de guerra. El gobierno Obama no tiene intención de crear las condiciones que lleven a un tratado de paz, especialmente ahora que la atención de la Casa Blanca parece absorta en el Este de Asia donde percibe un posible peligro para su supremacía geopolítica.

 

 

Jack A. Smith es director de Activist Newsletter.

Fuente: http://www.globalresearch.ca/the-dangers-of-war-what-is-behind-the-us-north-korea-conflict/5329307 
Ultima actualización ( Domingo 07 de Abril de 2013 15:16 )
 
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