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"Hoy es el tiempo que puede ser mañana"

 

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Washington Delgado. (Cusco 1927-2003) “La poesía de Washington Delgado vacila entre la melancolía a que la impulsa la constatación del mundo que el poeta atisba y una invocación de la dicha que debe existir al alcance de nuestro mundo cotidiano. Lo inquieta un combate silencioso entre ese sentido general, quebradizo, elusivo y melancólico del vivir y el deseo que no termina de formularse, de que la dicha sea también posible para los seres que permutan a cada momento las abstracciones del espíritu por las presiones de la materia no sometida y sus agentes de injuria.
“La dicha tiene un rostro sencillo”, dice Delgado. Pero esa necesaria sencillez con demasiada frecuencia permanece ajena a las comunes criaturas. Delgado la rescata del otro lado de la muerte, por un escamoteo idea de las anécdotas tristes del mundo, en las arquitecturas vacías, en los sonidos apagados, en las palabras no dichas, en los sucesos no acaecidos”. (M.Brasco)

Ultima Danza

Ven a danzar aunque la hora
sea precisamente inapropiada.
Ven a danzar y que ardan las ventanas
de este dorado imperio.

Que ardan las alcobas, los salones,
los delicados muebles del palacio,
las damas, las doncellas y los pajes
de soñada belleza.

Nuestra pequeña iniquidad
fue más breve que un beso.
De nuestras manos cayó el tiempo
y este instante, o su música,
es toda nuestra música.

Toco una mano

Toco una mano y toco
todas las manos de la tierra.

Nada es distinto de este rostro
de esta voz instantánea
y la fuerza del corazón es también
un resplandor en el cielo.
El amor es idéntico
a sí mismo, yo soy
una multitud sobre la tierra.

Todo el amor es nuestro:
toco una mano y toco
toda la hermosura.

Espacio del corazón

Nunca tuve en el pecho tanto aire,
toco el extremo del mar y siento
mi corazón en un profundo sitio.

Mi corazón es igual
a todo lo que existe: a la montaña,
al árbol, a las aguas, al tiempo,
a los animales, las cosas y los hombres.

Miro mi camisa y es mi corazón,
y lo mismo sucede con mi casa,
con mi ciudad y con el cielo.
En mi corazón son iguales
mi amigo y mi enemigo.

Nunca tuve en el pecho tanto aire,
mi corazón no tiene límites y soy
un hombre entre los hombres.

Los pensamientos puros

Señor rentista, señor funcionario.
señor terrateniente,
señor coronel de artillería,
el hombre es inmortal:
vosotros sois mortales.
Es curioso cómo la podredumbre
se adelanta a veces al cadáver.
Soportad vuestro olor, mostradlo
si queréis, poquito a poco.
Pero no habléis.
Señores enseñad el trasero
pero no lloréis nunca;
cierta decencia es necesaria
aun entre las bestias.
Pensad en el cielo, también,
en las alas blancas
y en la música de las arpas
dulcemente tocadas
por vuestras dulces manos.
Pensad en vuestros libros de lectura, en las viudas
tísicas y abandonadas que ayudaréis con una
trompeta de oro...
Pensad en vuestros billetes, en los veranos junto al mar; en la mucama rubia, en el amante moreno, en los pobres que besaréis en la otra vida, en las distancias terrestre, en los cielos de almíbar.
Pensad en todo,
vuestros días sobre la tierra no serán numerosos.


 

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