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Los
hitos que marcan a la izquierda latinoamericana desde la revolución cubana
hasta hoy Marta
Harnecker*
Introducción
1. A continuación
haré un breve recuento de los hitos más importantes que, según
mi opinión, han influido en la izquierda latinoamericana durante los treinta
y nueve últimos años que siguieron al triunfo de la revolución
cubana. Más que un análisis histórico acabado, que en ese
caso debería comenzar por los orígenes de la izquierda a comienzos
de siglo, estas líneas pretenden ser gruesas pinceladas acerca de las huellas
que la van marcando desde el triunfo de la revolución cubana hasta hoy.
2.
Me parece necesario dividir este período que ocupa algo más de un
tercio de siglo; en dos momentos muy diferentes: el primero, que va desde el triunfo
de la revolución cubana hasta la caída del socialismo en Europa
del Este, y el segundo, que llega hasta hoy. En el primero, la revolución
social se ve como una posibilidad que aparece en el horizonte; en el segundo,
ésta no se ve como una posibilidad inmediata.
3. Quiero aclarar
que esto no significa que piense que se deba renunciar a luchar por la revolución
social, hoy más necesaria que nunca no sólo para los pobres de este
mundo, sino para la humanidad toda que terminará por autodestruirse si
sigue en la loca carrera consumista neoliberal; de lo que se trata es de tener
los pies firmes sobre la tierra para elaborar el qué hacer que nos permita
acumular fuerzas y avanzar en la lucha por crear las condiciones de una futura
transformación social a la que no renunciamos. Primera etapa: Desde
el triunfo de la revolución cubana hasta la caída del socialismo
en Europa del Este (1º ene 1959-9 nov. 1989)
4. La primera etapa
comienza con el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959 y
se puede subdividir en tres fases: la primera, de gran efervescencia revolucionaria,
que va desde el triunfo de la Revolución Cubana hasta la derrota de Allende
en Chile; la segunda, de involución y triunfo de las fuerzas conservadoras,
que se extiende desde el golpe militar en Chile hasta el triunfo de la Revolución
Sandinista; y la tercera, desde esta fecha hasta la caída del socialismo
en Europa del Este, en que nuevamente las fuerzas del cambio avanzan, pero ahora
fundamentalmente en Centroamérica y Colombia, mientras se produce una lenta
y condicionada retirada de los militares a los cuarteles en los países
del Sur.
Triunfo de la revolución cubana (1 de enero de
1959) 5. La Revolución Cubana triunfa el
1 de enero de 1959, en un contexto de crisis del modelo desarrollo capitalista
en nuestro subcontinente y dentro de una correlación mundial de fuerzas
que ha ido cambiando a favor del campo socialista y los movimientos de liberación
nacional en el Tercer Mundo.
6. La victoria guerrillera en la isla caribeña
despierta la simpatía de la mayor parte de la izquierda occidental, era
una luz que asomaba en el oscuro horizonte conservador que entonces se vivía.
Tenía todas las cualidades para ser atractiva, especialmente para los jóvenes:
espíritu romántico, heroísmo en las montañas, antiguos
líderes estudiantiles con la desinteresada generosidad de su juventud el
más viejo apenas pasaba los treinta años un pueblo jubiloso en un
paraíso turístico tropical que latía a ritmo de rumba (Hobsbawm,
1994, p.439).
7. Pero no sólo atrae, sino que constituye un gran
aliento para las luchas populares porque rompe con dos tipos de fatalismo muy
difundidos en la izquierda latinoamericana: uno geográfico y otro de estrategia
militar. El primero planteaba que los Estados Unidos no tolerarían una
revolución socialista en su área estratégica (Gaspar, 1997,
p.9) y Cuba triunfa a noventa millas de sus costas; el segundo sostenía
que, dada la sofisticación que habían alcanzado los ejércitos,
ya no era posible vencer a un ejército regular y Cuba demuestra que la
táctica guerrillera es capaz de ir debilitando el ejército enemigo
hasta llegar a liquidarlo. Los jóvenes de izquierda de los sesenta pensamos
que íbamos a poder contemplar relativamente pronto una transformación
social profunda en nuestros propios países.
8. El triunfo del Movimiento
23 de Julio que es interpretado como una prueba de la eficacia de las armas en
manos del pueblo para conseguir la independencia y el desarrollo nacionales se
produce en un momento de gran escepticismo de importantes sectores de la izquierda
en relación con las elecciones y la incapacidad de los regímenes
democrático burgueses para mejorar las condiciones de vida del pueblo.
No es de extrañar, entonces, que haya inspirado a la intelectualidad militante
en un subcontinente de gatillo fácil y donde el valor altruista, especialmente
cuando se manifiesta en gestos heroicos es bien recibido (Hobsbawm, 1994, p.439),
a la que proporciona contundentes argumentos contra la vía pacífica
al socialismo adoptada XXº Congreso del PCUS en 1956 y seguida fielmente
por la mayor parte de los partidos comunistas de América Latina. Sin tener
en cuenta las condiciones concretas de cada país, la lucha armada llega
a ser considerada el camino exclusivo para llevar adelante la revolución.
De medio se transforma en fin. Sólo se era consecuentemente revolucionario
si se estaba dispuesto a tomar un fusil y partir al monte o a la lucha armada
clandestina en las ciudades.
9. La vía armada era entonces como
sostiene Carlos Vilas el documento de identidad de una propuesta revolucionaria
(1996, p.5). Muy pocos eran los que intentaban agotar primero todos los otros
caminos para mostrar a sus pueblos que no eran los revolucionarios los que elegían
la violencia, como sabiamente lo hizo Fidel en Cuba (Harnecker, 1986, pp. 46-55),
quien poco antes de lanzar la expedición del Granma volvió a plantear
a Batista la posibilidad de evitar la guerra si se iba a elecciones verdaderamente
libres, para dejar bien claro que la violencia no era elegida por ellos, sino
impuesta por el enemigo.
10. La polémica con los partidos comunistas,
ya señalada, y el hecho de que éstos utilizaran las elecciones como
una de las formas principales de lucha, determinó que rechazaran esta forma
de lucha. Estaban dispuestos a combinar la lucha armada con la lucha de masas,
pero no con la lucha electoral. En esos años cualquier tipo de incursión
en el terreno institucional era descartado por completo. La diferenciación
entre reformistas y revolucionarios pasaba por su definición a favor o
en contra de la utilización inmediata de la lucha armada.
11. La
primera revolución socialista en el mundo occidental no sólo influyó
en el terreno político, sino que también tuvo una gran trascendencia
cultural. Su originalidad, el hecho de haber triunfado a pesar de los esquemas
establecidos, ayudó a abrir espacio a nuevas ideas y a una renovación
del pensamiento social latinoamericano que gracias a esta revolución se
tercermundializó.
12. Coincido con Agustín Cueva (1989, pp.
26-27)en que las principales concepciones modificadas por el proceso cubano son:
la definición del carácter de las formaciones sociales latinoamericanas
que dejan de ser consideradas feudales para pasar a ser consideradas subdesarrolladas
hasta entonces se hablaba de terratenientes feudales y de regímenes feudales
en América Latina y desde la revolución cubana empieza a ponerse
énfasis en el carácter dependiente sometido al imperialismo de nuestras
sociedades; el esquema de interpretación de las clases sociales y de las
fuerzas revolucionarias que veía en el pueblo a su fuerza motriz y consideraba
que la burguesía era incapaz de conducir la revolución ; el carácter
de la revolución latinoamericana (Harnecker, 1986, pp. 167-251) que deja
de ser considerado democrático burgués para ser considerado antiimperialista
y socialista; y, por último, las formas de lucha donde la lucha armada
pasa a desempeñar un papel muy importante.
13. A su vez, el impacto
de la revolución cubana sobre la intelectualidad hace que muchos hombres
de sus filas se liguen a los procesos emergentes y comiencen a servir a la causa
popular desde una militancia más comprometida.
14. Por otra parte,
las duras agresiones de la principal potencia imperialista mundial, los Estados
Unidos, contra el peligro que significa el ejemplo de la naciente revolución,
plantean la necesidad y significan un poderoso impulso a la integración
continental para hacer frente al poderoso adversario común. La
izquierda revolucionaria y los grupos guerrilleros rurales
15.
En torno a la polémica sobre la lucha armada, puesta en el tapete por la
revolución cubana, la izquierda latinoamericana se divide. Los grupos que
surgen optando por este camino se autodenominan izquierda revolucionaria, para
diferenciarse del resto de la izquierda a la que tildan de reformista (partidos
comunistas pro soviéticos, partidos socialistas, etc.). En el caso chileno,
serán considerados más tarde reformistas todos los partidos que
conformarán el frente político Unidad Popular encabezado por Salvador
Allende, por el simple hecho de haber aceptado transitar por la vía no
armada.
16. La izquierda revolucionaria, de origen urbano y preponderantemente
universitario, tuvo escasa penetración en el movimiento obrero, tanto por
la oposición que recibió de los aparatos sindicales de los partidos
comunistas y socialdemócratas o populistas que dominaban ese espacio, como
por el propio desinterés de sus militantes, que preferían abocarse
a las tareas de preparación militar (Gaspar, 1997, p.12).
17. Esta
nueva izquierda, llena de ímpetu e impaciencia juvenil, no sólo
se declara partidaria de la lucha armada, sino que se lanza a crear organizaciones
guerrilleras: Masseti en Tucumán, Argentina; las Fuerzas Armadas de Liberación
Nacional, en Venezuela; las Fuerzas Armadas Rebeldes dirigidas por Yon Soza y
Turcios Lima, en Guatemala; el MIR encabezado por Luis de la Puente y Guillermo
Lobatón, y el ELN dirigido por Héctor Béjar, en Perú;
el Frente Sandinista dirigido por Carlos Fonseca, en Nicaragua; el Ejército
de Liberación Nacional de Camilo Torres, en Colombia; Lucio Cabañas
con su Partido de los Pobres y Genaro Vázquez y su Asociación Cívica
Nacional Revolucionaria, en México; Marighella y Lamarca en Brasil; y la
simbólica guerrilla del Che en Bolivia.
18. No pocos de estos grupos
conformados por heroicos jóvenes dispuestos a dar su vida por la causa
popular, caen en desviaciones foquistas: deciden partir a la montaña sin
conocer previamente el terreno, sin un mínimo de apoyo social, convencidos
de que las condiciones revolucionarias estaban dadas y que bastaba sólo
la chispa su chispa para encender la pradera. El libro ¿Revolución
en la Revolución? de Regís Debray (1967) intelectual francés
que visita la guerrilla del Che en Bolivia se transforma en una especie de cartilla
para montar guerrillas y se encarga de dar fundamento teórico a este método,
que muy poco tiene que ver con lo que realmente ocurrió con la revolución
cubana.
19. No era ni sería la primera vez que se copiaba un modelo
extranjero sin tener en cuenta la realidad del respectivo país y, además,
se copió mal.
20. La revolución cubana, una revolución
vanguardizada por una organización nacional, el Movimiento 26 de Julio,
muy enraizada en las tradiciones cubanas y especialmente en el pensamiento de
José Martí, nunca fue foquista. Por el contrario, siempre atribuyó
gran importancia al potencial revolucionario del campesinado de la zona haciendo
un trabajo previo en ella y se preocupó, como tarea política fundamental,
de difundir masivamente en la isla un programa revolucionario el programa del
Moncada que convocaba a los más amplios sectores populares a la lucha contra
Batista.
21. Durante sus años de presidio, Fidel estimaba que la
misión del momento no era como muchos podrían haber pensado en dichas
circunstancias organizar células revolucionarias para poder disponer de
más o menos hombres para la lucha armada, sino realizar una gran campaña
de propaganda (Harnecker, 1986, pp. 55-69) porque sin propaganda no hay movimiento
de masas y sin movimientos de masas no hay revolución posible. [...] La
tarea nuestra ahora de inmediato decía es movilizar a nuestro favor la
opinión pública; divulgar nuestras ideas y ganarnos el respaldo
de las masas del pueblo. Nuestro programa revolucionario es el más completo,
nuestra línea, la más clara, nuestra historia la más sacrificada;
tenemos derecho a ganarnos la fe del pueblo, sin la cual, lo repito mil veces,
no hay revolución posible (Castro, 1954).
22. Nada de esto era conocido
por las organizaciones guerrilleras de los sesenta aunque, paradójicamente,
su máximo exponente simbólico fue la guerrilla del Che en Bolivia.
23.
Por su parte, la concepción del Che (Piñeiro, 1997, pp. 9-12) consistía
en fundar una columna madre integrada por revolucionarios de varios países
latinoamericanos, la que luego de superar la etapa de sobrevivencia, foguear a
combatientes, formar a los cuadros de dirección, permitiría la formación
de otras columnas que podrían expandirse por otros países de América
Latina, especialmente por aquellos donde la intervención imperialista contra
la causa popular fuera más evidente. El Che pensaba que si, a partir de
Bolivia surgían estas nuevas columnas guerrilleras, eso provocaría
una reacción en los ejércitos de los países fronterizos apoyados
por el imperialismo y se generalizaría la lucha armada en la región,
la cual se tornaría un escenario de cruentas, largas y difíciles
batallas que más tarde o temprano llevarían a la intervención
yanqui. Se crearía así uno de los tantos Vietnam que el convocó
a crear en su Mensaje a los pueblos del mundo, dado a conocer a través
de la Tricontinental.
24. Según el Che, el núcleo guerrillero
original, bien dirigido, era el motor chico, que accionando política y
militarmente, echaba a andar el motor grande de las masas. Esta concepción
nada tiene que ver con el enfoque reduccionista del foco guerrillero que se le
ha pretendido adjudicar. El hablaba de foco insurreccional vinculado a las masas,
no de un grupo pequeño de hombres armados que actúan divorciados
del pueblo.
25. No se suele olvidar también que el Che expresamente
afirmó que no se podía desarrollar la lucha guerrillera en donde
hubiese gobiernos nacidos de alguna forma de consulta popular y donde no se hubieran
agotado las posibilidades de lucha cívica.
26. Lo que hoy puede
decirse es que estos intentos guerrilleros muchos de los cuales cayeron en desviaciones
militaristas aunque tuvieron impacto en sus respectivos países, no llegaron
a ser referentes de importancia en la vida nacional salvo el venezolano, y muchas
veces fueron sobredimensionados por las fuerzas de derecha para legitimar la reducción
del ámbito de las libertades públicas (Gaspar, 1997, p.13).
Polémica
chino-soviética y división del campo socialista (1967)
27.
La revolución cubana surge en el contexto de crecientes contradicciones
entre los partidos comunistas más poderosos del campo socialista: el soviético
y el chino, que culminan con la ruptura del llamado "campo socialista"
en 1967.
28. La crisis del bloque soviético comienza tras la muerte
de Stalin, en 1954, y se agudiza luego del XX Congreso del PCUS en 1956, donde
se ataca por primera vez la política staliniana y, con mayor cautela, al
propio Stalin. El efecto de este acontecimiento fue inmediato. Surgen reacciones
en Polonia, donde se instala una nueva dirección compuesta por reformadores
comunistas con la aprobación de Moscú. No ocurre lo mismo con el
reformador comunista Imre Nagy, en Hungría. El nuevo gobierno por él
encabezado es aplastado por el Ejército Rojo en noviembre de ese año.
29.
En Oriente, la revolución china, que había triunfado ignorando las
orientaciones que recibía de Moscú, comenzaba a transformarse en
un contrincante poco dócil con cada vez más peso para la hegemonía
soviética. Mao Tse Tung proclamaba la superioridad del campo socialista
en la correlación mundial de fuerzas, fundamentando esta afirmación
en la cantidad de población total de la tierra que vivía en el campo
socialista: mil millones de personas, el sesenta por ciento de los cuales eran
chinos, el triple de la población soviética (Benz y Herman, 1981,
pp. 283-288).
30. Algo más de un año después del XX
Congreso empezaron a aflorar las diferencias ideológicopolíticas.
El Partido Comunista Chino no aceptaba el planteamiento del carácter duradero
de la coexistencia pacífica entre socialismo y capitalismo que planteaban
los soviéticos ni la tesis de que el campo socialista se fortalecía
y debía competir con el capitalismo en el campo económico el enorme
desarrollo económico logrado por la URSS y el resto de los países
socialistas de Europa del Este luego de la Segunda Guerra Mundial, a pesar del
estado desastroso en que esos países salen del conflicto bélico,
justificaba el optimismo en ese terreno. Por el contrario sostenía que
lo que podía debilitar al imperialismo era justamente el triunfo creciente
de revoluciones antiimperialistas en el Tercer Mundo planteamiento especialmente
atractivo para los luchadores por la liberación nacional.
31. Reivindicaba,
también, la vía armada contra la vía pacífica que
propiciaban los soviéticos y no se dejaba amedrentar por la guerra nuclear,
argumento fundamental de estos últimos para llegar a un acuerdo nuclear
con occidente.
32. Esta polémica detrás de la cuál
se escondían afanes hegemonistas de cada una de las grandes potencias socialistas
culmina finalmente con la ruptura del 67. Este fue un duro golpe para la izquierda.
La gran familia, formada hasta entonces por todos los países socialistas
y los que habían emprendido procesos de liberación nacional bajo
su alero, se dividía.
33. Esta situación introduce nuevos
elementos polémicos. Del debate ideológico se pasa a las diatribas
y acusaciones mutuas. Los partidos comunistas se escinden: nacen los autodenominados
partidos comunistas marxista-leninistas.
34. Las organizaciones armadas
se polarizan entre organizaciones de tendencia pro cubana y aquellas que defienden
la tesis de Mao Tse Tung de la guerra popular prolongada. Estas últimas
se preocupan más por hacer un trabajo de masas, ya que conciben la guerra
como una guerra con participación del pueblo. Movimiento
de reforma universitaria (segundo quinquenio de los sesenta) 35.
A mediados de los sesenta y, especialmente en el 68, coincidiendo con el mayo
francés en que los estudiantes universitarios parisinos encabezan un movimiento
de rechazo al gobierno que logra comprometer a los obreros en una huelga general
que paraliza al país por más de una semana, en varios países
de América Latina se producen movimientos estudiantiles de gran envergadura
cuya máxima expresión fue el mexicano que logró movilizar
a cientos de miles de personas las manifestaciones más grandes después
de la revolución de 1810 (Castillo, 1980, p.13) y terminó con una
cruenta masacre de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, en la que murieron centenas
de jóvenes, y procesos de reforma universitaria que, por un lado, abren
las puertas de la Universidad a un amplio sector de estudiantes que antes no tenía
acceso a ella y, por otra, buscan poner a la universidad al servicio de la sociedad.
36.
Este estallido estudiantil que se produce casi simultáneamente en los más
diversos países del orbe tiene una base objetiva como lo explica el historiador
Erich Hobsbawm (1994, pp. 297-304): mientras a partir de los años cincuenta
el campo se vaciaba y crecían en forma acelerada las ciudades, se producía,
al mismo tiempo, un rápido crecimiento de la población universitaria.
En los países más avanzados la cifra que alcanzaba a decenas de
miles antes de la segunda guerra mundial se eleva a millones en sólo veinte
años. Algo similar aunque en menor escala ocurría en la mayor parte
de los países de América Latina. Los campus universitarios que concentraban
más estudiantes que cualquier de las grandes industrias pasaron a representar
espacios estratégicos en la lucha por los cambios sociales.
37.
Esta multitud de jóvenes eran un factor nuevo tanto en la cultura como
en la política. Eran, al decir de Hobsbawm, transnacionales (p.300), por
su capacidad de desplazarse y comunicar con facilidad y rapidez sus ideas y experiencias
más allá de las fronteras de sus respectivos países. Y no
sólo eran políticamente radicales y explosivos, sino que poseían
una gran eficacia para lograr hacer trascender a nivel nacional, e incluso internacional,
el descontento político y social que encarnaban. En países sometidos
a dictaduras militares pero que respetaban la autonomía universitaria eran
a menudo el único grupo social capaz de emprender acciones políticas
colectivas.
38. Descontentos con las condiciones físicas que encontraban
en las universidades, cuyos recintos no estaban preparados para asumir tal avalancha
de alumnos; inquietos por el incierto horizonte laboral que les presentaba una
sociedad que tampoco estaba preparada para acoger a tal número de egresados;
sensibilizados con las desigualdades sociales existentes en sus países
y, en muchos casos, admiradores de la revolución cubana, estos jóvenes,
se tornaron un factor potencialmente explosivo, en la medida en que hacía
frente común con el movimiento de masas urbano y campesino en ascenso.
39.
Como resultado de estos procesos de lucha estudiantil y de reforma universitaria
la izquierda latinoamericana va conquistando cada vez más espacios universitarios.
En ellos se hace una crítica al sistema imperante y se elaboran propuestas
alternativas. Los partidos de izquierda empiezan a nutrirse de los resultados
de estas investigaciones.
40. Según Agustín Cueva se trata
de una época de oro de nuestras ciencias sociales (1989, p.27), que por
primera vez dejan de ser una mera caja de resonancia de lo que se piensa en Europa
o Estados Unidos. Se elabora una teoría propia: la teoría de la
dependencia que tiene amplia difusión en el continente.
41. Por
otra parte, se introducen, por primera vez, los estudios sistemáticos de
marxismo en los programas universitarios. Era un marxismo peculiar, de orientación
marcadamente universitaria, nacía de las aulas y no de la práctica
política. (Hobsbawm, 1994, p.443.) El pensador más difundido era
el filósofo francés Louis Althusser. Esta situación explica
por qué mi manual: Los conceptos elementales del materialismo histórico
(Harnecker, 1994), publicado en 1969, ha tenido una difusión tan grande(1).
42.
La editorial mexicana Siglo XXI, dirigida por Arnaldo Orfila un destacado intelectual
mexicano y partidario de los movimientos revolucionarios responsable de la publicación
de los libros de Althusser, de mi manual, y de muchos otros libros de orientación
marxista, juega un papel muy importante en la formación de las generaciones
de jóvenes universitarios de aquella época. Durante una década,
los grupos y partidos de izquierda, las comunidades eclesiales de base, los estudiantes
de ciencias sociales, los nacionalistas revolucionarios, los descontentos con
las situaciones de miseria y explotación, acuden al acervo de Siglo XXI
para informarse, crearse un horizonte de expectativas revolucionarias, definir
y redefinir el sentido de su acción (Revista Proceso, Nº 1081, 20
julio 1997, p.55). Invasión a Checoslovaquia
por la URSS (20 ag. 1968)
43. En medio de este proceso ocurre
otro hecho que marca a la izquierda latinoamericana: la invasión del ejército
soviético a Checoslovaquia país que vivía un intenso proceso
de debate acerca de qué camino debía seguir su proceso socialista
para imponer en el poder a un sector minoritario del Partido Comunista checo.
Este fue un nuevo golpe al movimiento comunista internacional: se acrecentaron
las críticas a la URSS, aumentó el prestigio del Partido Comunista
Chino, y sorprendió negativamente a la izquierda el apoyo crítico
expresado por la Revolución Cubana. Teología
de la Liberación y comunidades de base (mediados de los sesenta)
44. También, en ese período, crece la influencia
de la teología de la liberación y de las comunidades cristianas
de base y crecientes sectores de cristianos empiezan a compartir posiciones claramente
definidas de izquierda.
45. Es Gustavo Gutiérrez, sacerdote peruano,
el que primero formula en forma precisa lo central de la nueva corriente teológica
en su conocida conferencia Hacia una Teología de la Liberación de
julio de 1968. Según este sacerdote, el desafío que se plantea en
América Latina, desde el punto de vista de la reflexión teológica,
es cómo encontrar un lenguaje sobre Dios que nazca desde la situación
y sufrimientos creados por la pobreza injusta en que viven las grandes mayorías
(razas despreciadas, clases sociales explotadas, culturas marginadas, discriminación
de la mujer). Pero que sea, al mismo tiempo, un discurso alimentado por la esperanza
que levanta un pueblo en lucha por su liberación. (Gutiérrez, 1984.
p.73)
46. Por su parte, Leonardo Boff otro eminente teólogo brasileño
de esta corriente sostiene que esta teología supone la inserción
del cristiano en un movimiento concreto, sea en una comunidad de base, en un centro
de defensa de los derechos humanos, en un sindicato. Esta sumersión en
el mundo de los pobres y de los oprimidos hace del discurso teológico un
discurso comprometido y con sentido práctico. Hay un interés objetivo
por la eficacia, porque finalmente lo que cuenta, no es tanto la reflexión
teológica, sino la liberación concreta de los pobres. Es esta liberación
la que anticipa el Reino y agrada a Dios. (Boff, 1984, p.52-53.)
47. Los
cristianos, inspirados en esta visión comprometida de su fe, se suelen
organizar en las llamadas comunidades eclesiales de base que consisten en grupos
de diverso peso y tamaño, de gente oprimida, que trabaja con sus propias
manos, vive en la periferia de la ciudad o en zonas rurales y se reúne
con cierta periodicidad, en una casa del barrio donde habitan o en la capilla
para comentar la Biblia desde la nueva perspectiva de la Teología de la
Liberación.
48. En el caso de Brasil primero(2) y luego en el resto
de los países donde se imponen dictaduras militares, las parroquias y las
comunidades de base pasan a representar los principales espacios de reencuentro
de la militancia revolucionaria, en muchos casos no cristiana. Bajo el alero de
los sectores más progresistas de la Iglesia Católica se protegen
de la dura represión de las dictaduras y empiezan a descubrir al movimiento
cristiano comprometido con los cambios sociales. (Harnecker, 1994, pp. 33-38).
49.
Estas comunidades eclesiales de base cobran también mucha fuerza, en la
década de los setenta, en Perú, Chile, El Salvador, Nicaragua y
en otros países con una situación similar. (Harnecker, 1987 a, pp.
178-210) 50. Como consecuencia de estos cambios, las filas de la izquierda pasan
a ser engrosadas por nuevos partidos de origen cristiano: algunos son desprendimientos
de los partidos democratacristianos como el MAPU y la Izquierda Cristiana, en
Chile; otros reúnen a la militancia de la Acción Católica
estudiantil y del movimiento social, como es el caso de la Acción Popular
(AP), en Brasil y los Grupos de Acción Unitaria (GAU), en Uruguay. Auge
de los movimientos guerrilleros urbanos 51. A
finales de los sesenta surge algo hasta ahora inédito en América
Latina: las experiencias guerrilleras urbanas (Gaspar, 1997, pp. 1314): en Uruguay
los Tupamaros; en Argentina, los Montoneros (peronista) y el Ejército Revolucionario
del Pueblo (troskistas); el MIR, en Chile.
52. En estas guerrillas el concepto
de retaguardia descansaba no en los aspectos geográficos sino en los demográficos
y la columna móvil de la guerrilla rural era reemplazada por el comando
clandestino rigurosamente compartimentado y jerarquizado. Su composición
social era similar a la de las guerrillas rurales: reclutaban a sus cuadros fundamentalmente
en los sectores medios de la sociedad.
53. Terminaron por ser derrotadas
en los años setenta, luego de haber realizado espectaculares golpes, con
el surgimiento de las dictaduras militares y su fuerte actividad contrainsurgente. Triunfo
de la Unidad Popular en Chile 54. Mientras se
debilitaba en varios países el movimiento guerrillero rural cuyo golpe
más duro había sido la caída del Che en Bolivia y se producía
un auge de las experiencias guerrilleras urbanas en Uruguay y Argentina, ocurre
otro hecho que conmueve a la izquierda latinoamericana y mundial: el triunfo electoral
de Salvador Allende en Chile, en septiembre de 1970 primera vez en la historia
del mundo occidental en que un candidato marxista llegaba a través de las
urnas a ser presidente de la República. Esta inédita experiencia
crea una gran ola de simpatía a su favor. Era el momento en que la izquierda
europea buscaba cómo transitar al socialismo por la vía democrática.
55.
Si la revolución cubana había fortalecido las posiciones partidarias
de la lucha armada, el triunfo de Allende sirvió de argumento para quienes
defendían la vía pacífica, pero no fue por mucho tiempo ya
que, la experiencia duró apenas tres años. Muchos olvidaron que
habíamos conquistado el gobierno, pero no el poder; que los poderes legislativo
y judicial estaban en manos de las fuerzas opositoras, y que el pilar fundamental
del estado burgués: el ejército, se mantenía intacto, protegido
por el llamado Estatuto de Garantías Constitucionales, por el cual el gobierno
de Salvador Allende se había comprometido a no tocar las fuerzas armadas,
la educación, ni los medios de comunicación. Este fue el compromiso
exigido por la Democracia Cristiana para apoyar su ratificación en el parlamento(3).
56.
A pesar de estos límites, la Unidad Popular avanzó mucho. En el
país se vivía un clima revolucionario, de transformaciones profundas;
un pueblo lleno de esperanzas se sentía dueño de su destino. Era
un ejemplo demasiado peligroso, no sólo para los poderosos de Chile, sino
para todo el mundo. Había que terminar con ese paradigma.
57. Coincido
con Jorge Arrate, dirigente socialista chileno, en que el proyecto de Allende
era demasiado heterodoxo para el carácter ortodoxo de nuestra izquierda
(1995, p.175) cuyos planteamientos no se correspondían con los nuevos desafíos
que el país estaba viviendo: cuando Allende hablaba del tránsito
democrático al socialismo, sectores de la izquierda pintaban en los muros:
¡Viva la dictadura del proletariado!; cuando Allende hablaba de ganar a
sectores de la burguesía para su proyecto, una parte importante de la izquierda
reafirmaba que nuestro enemigo era toda la burguesía, basándose
para ello en la teoría de la dependencia que sostenía que ya no
era concebible un desarrollo capitalista de corte nacional; cuando el presidente
socialista luchaba por conseguir una conducción única del proceso,
los partidos más fuertes: el Socialista y el Comunista, hacían públicas
sus divergencias; mientras Allende quería consolidar lo avanzado en el
plano económico mediante la nacionalización de las grandes empresas
estratégicas, teniendo muy claro los límites del poder con que contaba,
sectores de la izquierda se tomaban pequeñas empresas y pedían su
nacionalización, exigiendo más radicalidad a Allende, como si éste
tuviera en sus manos todo el poder.
58. Por otra parte, si bien La dirección
de la Unidad Popular y el propio presidente Allende tenían muy claro que
sólo se podía consolidar el proceso chileno si se contaba con el
apoyo de los militares, y coherentemente con esto se hizo todo un esfuerzo para
ganarlos para la causa popular, se confió excesivamente en la tradición
constitucionalista de las fuerzas armadas chilenas y no se trabajó suficientemente
la creación de una fuerza material propia.
59. Pero hay otra cosa
más que sólo hemos visto después, a partir de las últimas
experiencias vividas por el socialismo: que ese tipo de tránsito "pacífico"
del capitalismo al socialismo usando los recursos y posibilidades de poder dentro
de un sistema de democracia representativa no era un camino viable para realizar
el proyecto socialista tal como se había aplicado hasta entonces en el
mundo y, por lo tanto, que era necesario repensar el socialismo que se quería
construir elaborando otro proyecto más adecuado a la realidad chilena.
Eso era lo que Allende parecía intuir al usar su folklórica metáfora
de socialismo con vino tinto y empanadas, que apuntaba a la construcción
de una sociedad socialista enraizada en las tradiciones nacionalpopulares. (Moulián,
1995, p.25.) 60. A medida que la contraofensiva conservadora
se iba tornando más fuerte y las contradicciones en el seno de las fuerzas
de izquierda que levantaron la candidatura de Allende se iban agudizando, una
parte importante de los sectores medios, que habían apoyado inicialmente
el proyecto popular se fueron distanciando, con lo que se preparó el terreno
social y político fértil para el golpe militar que sometería
al país a una férrea dictadura durante diecisiete años.
Golpe
militar en Chile (11 sep. 1973)
61. El 11 de septiembre de 1973
los militares chilenos logran derrocar a Allende y se establecen en el poder,
luego de una muy bien planeada estrategia de desestabilización del gobierno
que poco a poco le va restando base de apoyo popular.
Sucesión
de dictaduras militares en el Cono Sur
62. La derrota por las
armas de la experiencia de la Unidad Popular en Chile precedida por pocos meses
por otro golpe militar en Uruguay y seguida de una acción similar en Argentina,
vuelven más negro el panorama del sur del continente americano ya golpeado
por las dictaduras militares de Brasil y Bolivia.
63. Se inicia así
una fase de reflujo del movimiento revolucionario que durará un quinquenio.
64.
Se necesitaba una mano dura para poner orden en el contexto de un movimiento popular
ascendente (Cardoso, 1979, pp.6061) producto de los efectos de la crisis del modelo
Cepalino de sustitución de importaciones, como para iniciar la reestructuración
económica requerida por el agotamiento del modelo anterior (Kauffman, 1979,
pp.221 233). Para ello era necesario acabar con su capacidad de resistencia y
de lucha, eliminando a los dirigentes políticos y sociales del movimiento
popular y aniquilando a los poderosos movimientos guerrilleros urbanos del Cono
Sur.
65. Salvaje represión, torturas y asesinatos, desapariciones,
persecución, exilio, dejan a los países del sur de América
durante largos años sin un liderazgo que pueda articular una voluntad única
para transformar el rechazo y la resistencia callada de cientos de miles de personas
en un arma eficaz para desterrar a los impopulares dictadores.
66. Pero
no sólo se ataca al liderazgo, sino también y fundamentalmente,
a la memoria de lucha de nuestros pueblos mediante una sistemática campaña
interna por tergiversar la historia, destruir la ideología revolucionaria
y fomentar los valores individualistas.
Triunfo de La revolución
sandinista (19 jul 1979)
67. En medio de este sombrío
panorama de dictaduras y derrotas del movimiento popular cuya casi única
excepción había sido el triunfo de la revolución vietnamita
en 1975, que inspiró a muchos revolucionarios y en un contexto internacional
cada vez más conservador eran los años de Margaret Thatcher en Inglaterra,
de la derechización de los partidos socialistas europeos, del recrudecimiento
del antisovietismo y el anticomunismo en el viejo mundo, del surgimiento del eurocomunismo,
triunfa inesperadamente la revolución sandinista. Contra todos los pronósticos
de los analistas un nuevo triunfo armado del movimiento revolucionario se daba
en el continente veinte años después del triunfo de la Revolución
Cubana. Esta vez la victoria militar combinaba levantamientos insurreccionales
urbanos con columnas guerrilleras en el Norte y Sur del país, transformándose
las del Sur en los últimos meses en una verdadera organización regular:
el Frente Sur.(Harnecker, 1984, pp.1147)
68. El Frente Sandinista de Liberación
Nacional llega al poder con una gran legitimidad internacional, apoyado por la
Internacional Socialista y con un apoyo logístico y de armas de gobiernos
socialdemócratas de la región: Venezuela, Panamá y Costa
Rica, y, por supuesto de Cuba, que jugó un destacado papel tanto en el
terreno logístico como en el de la preparación militar de combatientes
sandinistas e internacionalistas de América Latina, los que conformaron
las brigadas internacionales de apoyo a Nicaragua, en las que participaron y dieron
su vida entre otros militantes revolucionarios chilenos. Este amplio espectro
de fuerzas de apoyo fue obtenido gracias a la política de alianzas flexible
y madura llevada adelante por la dirección sandinista. (Harnecker, 1984,
pp.51-52)
69. Su victoria sirve de oxígeno a la izquierda perseguida
del Sur y da nuevo ímpetu a la lucha guerrillera en El Salvador y Guatemala.
Es una revolución que provoca profundas simpatías, porque en ella
se ve plasmada la combinación de pluralismo ideológico(4), economía
mixta y elecciones con multipartidismo; todos aspectos mucho más cercanos
a las realidades y posibilidades concretas de los países del continente
que el modelo cubano.
70. Se empiezan a escribir así los primeros
capítulos de lo que sería la crisis centroamericana, que pasará
a ser el principal conflicto armado que conocerá la historia moderna de
América Latina (Gaspar, 1997, p.17).
71. El contexto mundial en
el que se produce la victoria sandinista es muy diferente al que rodea a la revolución
cubana en sus veinte primeras años de vida. Cuando Fidel Castro y sus hombres
entraban en La Habana, el máximo dirigente de la URSS, Nikita Jruchov,
vaticinaba en las Naciones Unidas que en esa década su país superaría
la producción percápita de los Estados Unidos y enterraría
al capitalismo. Por otra parte, Moscú recibió con mucho beneplácito
el primer triunfo socialista en el mundo occidental y le brindó desde combustible
y alimentos hasta maquinaria pesada y armas de todo tipo. Dos décadas más
tarde, en cambio, los comandantes sandinistas se encontraron con una URSS debilitada
por la carrera armamentista y su incapacidad de seguir el paso de la revolución
científico técnica que estaba desarrollándose en el mundo
occidental y, debido a ello, sin posibilidades de apoyar económicamente
a la Revolución Nicaragüense (Verbinsky, 1990: 1516).
72. Los
sandinistas heredan un país muy dependiente del imperialismo, endeudado
y descapitalizado (Perales, 1984, pp.17-18), pero, a pesar de eso, comienzan exitosamente
una batalla contra la pobreza: echan a andar el Plan de Emergencia y Reactivación
Económica, expropian las tierras y los bienes de los somocistas, suben
los salarios, bajan los arriendos, extienden en forma gratuita la educación
y la salud; se realiza una gran campaña de alfabetización.
73.
Pero, muy pronto, con la llegada de Reagan al poder, comienzan a ponerse en práctica
una serie de medidas agresivas en lo económico, lo político y lo
militar. (Barricada, 1989, p.8): congelación de créditos, entrenamiento
de ex guardias somocistas en Estados Unidos y operaciones disuasivas desde Honduras
y Costa Rica.
74. Con la ayuda soviética reducida casi exclusivamente
a abastecimiento militar apoyo que fue importante en la lucha contra la contrarrevolución,
a la naciente revolución no le quedó otro camino que canalizar su
comercio y sus demandas de créditos y subsidios a Europa occidental, Canadá
y América Latina. La tan pregonada economía mixta no habría
sido para algunos analistas tanto una opción entre varias alternativas,
como el fruto de una necesidad (Verbinsky, 1990, p.16).
75. La política
económica de los ocho primeros años (Núñez, 1989,
pp.5-8) estuvo marcada por una regulación centralizada de la economía
y por un control basado en la administración de los precios y los recursos.
El criterio de la distribución obedecía a dos lógicas: a
la de satisfacer las necesidades populares y a la de responder a la política
de alianzas con los productores y en ese sentido tuvo éxito porque logró
concitar un gran apoyo popular y un consenso nacional en torno a las medidas antisomocistas
y antiimperialistas de los primeros años.
76. Esta política
pudo materializarse gracias a los préstamos internacionales y a un subsidio
interno generalizado, pero, al mismo tiempo, produjo una feroz distorsión
de los precios, un proceso inflacionario galopante, un descenso de la producción
y de la productividad, y una informalización del mercado. Este esquema
llegó a su techo en 1987, cuando el valor del consumo llegó a ser
tres veces superior al de la producción y sólo se pudo sostener
con el apoyo solidario de los países socialistas.
77. Esta situación
de crisis generalizada en el contexto de un país desangrado por la guerra,
conduce a la dirección sandinista a adoptar, en febrero de 1988 sin consulta
popular alguna y contra su esfuerzo por cambiar el estilo verticalista de su conducción
política (Harnecker, 1987c, pp.3162), iniciado con éxito a mediado
de los ochenta, una serie de medidas económicas de corte antipopular: se
devalúa la moneda, se establece la paridad cambiaria, se restringen los
subsidios y se liberan los precios y los mercados.
78. Todo ello se produce
en medio de negociaciones para acabar con una guerra que, además de sus
costos económicos, produce creciente rechazo en la población y que
se concretarán en los acuerdos de Esquípulas II; del azote de un
huracán que arrasa con ciudades y poblados de la Costa Atlántica;
y cuando disminuye significativamente la ayuda internacional. Estas medidas que
afectan seriamente el nivel de vida del pueblo no logran, sin embargo, detener
la inflación.
79. Buscando corregir la distorsión de los
precios y frenar la inflación, además de estimular las exportaciones,
la dirección sandinista decide profundizar la reforma económica
antipopular en 1989 reduciendo aún más los gastos sociales, reteniendo
los salarios por debajo del índice inflacionario, creando empresas mixtas,
llegando a acuerdos económicos con la burguesía. Esta vez se logra
controlar el proceso inflacionario(5), pero todo esto no deja de tener repercusiones
en el estado de ánimo de la gente: provoca un desentusiasmo y una desmovilización
crecientes.
80. Mientras la dirección sandinista va de concesión
en concesión hasta el indulto de más de mil setecientos ex-guardias
somocistas, Washington responde a Esquípulas II aprobando más de
sesenta millones para sostener a la contrarrevolución en Honduras como
una reserva, boicoteando de ello los acuerdos de paz logrados en El Salvador (Barricada,
1989, p.28).
Auge del movimiento guerrillero en Centroamérica,
Colombia y Perú
81. El triunfo sandinista coincide con
el proceso revolucionario en la Granada de Bishop y con un auge guerrillero en
el área centroamericana (El Salvador, Guatemala), y sirve de gran estímulo
a quienes en ese momento empuñaban las armas en el subcontinente. Se trata
de guerrillas de una nueva ola, mucho más maduras que las anteriores, tanto
en sus concepciones políticomilitares, como en su armamento; con una clara
visión de la necesidad de involucrar al pueblo en la guerra.
82.
Este proceso de maduración de los movimientos armados obliga a una creciente
intervención norteamericana en apoyo logístico y asesoría
a los ejércitos de esos países, quienes sin esta intervención
foránea muy posiblemente habrían sido derrotados.
83. La
guerrilla salvadoreña surge como respuesta a la represión que se
ejerce sobre uno de los más amplios movimientos de masas del subcontinente.
Los perseguidos se van a refugiar al campo dando origen a los diversos frentes
guerrilleros (Harnecker, 1991a; 1991b). En ella confluyen, además de los
militantes de diversas organizaciones de izquierda, cristianos, militares nacionalistas,
intelectuales, social cristianos y socialdemócratas. Rompe todos los moldes
preestablecidos (Gaspar, 1997, pp.1719). Se desarrolla casi sin retaguardia, en
un país altamente poblado que a lo largo de diez años de guerra
terminó transformándose en un verdadero ejército, con escuelas
militares, talleres de armas, tropas especiales, secciones de inteligencia, órganos
de propaganda y un preparado Estado Mayor. Pero no sólo operó en
el campo, también contó con un Frente Urbano con comandos destinados
al sabotaje y a golpear la infraestructura enemiga, y con un amplio apoyo de redes
de organizaciones sociales y políticas.
84. La guerrilla guatemalteca(6),
que a fines de los setenta había logrado un gran desarrollo, siendo una
de las primeras guerrillas en incorporar a los indígenas la proceso (Harnecker,
1984, pp.235328), es seriamente golpeada por la estrategia contrainsurgente de
tierra arrasada que destruye una gran cantidad de las aldeas indígenas
que han apoyado a la guerrilla, provocando una emigración en masa hacia
México; posteriormente se implantan las aldeas modelo y las llamadas "patrullas
de autodefensa" que militarizan cerca de un millón de campesinos para
proteger las aldeas de las incursiones guerrilleras. Y aunque la URNG logró
resistir refugiada en las montañas de el Quiché y al sur de Chiapas,
no pudo retomar la ofensiva estratégica (Gaspar, 1997, p.20), iniciando
conversaciones de paz que terminaron con los acuerdos de diciembre de 1996, que
pusieron fin al conflicto bélico.
85. El auge guerrillero se extiende
también a Colombia, donde se destacan las FARC, el ELN, el M-19 y el EGP
(Harnecker, 1988a, 1988b); y en Perú, Sendero Luminoso y el MRTA. En Colombia
va acompañado de interesantes procesos unitarios tanto a nivel de las guerrillas,
como de la izquierda política y los movimientos sociales y cívicos
(Harnecker, 1989). Pero no cabe dudas que sus resultados no tienen la misma envergadura
que en Centroamérica, donde la lucha antidictatorial contra un poder concentrado
facilita el papel aglutinador de la guerrilla y la eficacia de su acción
destructora del sistema opresor. La dispersión del poder que existe en
Colombia y Perú hacen mucho más compleja la tarea.
Reemplazo
de las dictaduras militares por sistemas de democracia restringida o tutelada
86. A partir de 1985 comienza un proceso de repliegue de los militares a sus
cuarteles en los regímenes dictatoriales del Cono Sur. Ya habían
logrado desarticular al movimiento popular golpeando tanto a su liderazgo social
como político, debilitando su capacidad de resistencia y de lucha al menos
así se creía, preparando el terreno para la implantación
de las impopulares medidas de ajuste estructural de corte neoliberal. Por otra
parte, era preferible hacer que un gobierno civil enfrentara los costos de la
crisis económica que se hacía ya sentir fuertemente.
87.
Este repliegue sus ritmos, sus condicionamientos y sus concesiones estuvo presionado
por un creciente movimiento de resistencia antidictatorial en el cual el movimiento
sindical y, el movimiento estudiantil juegan un papel importante, pero sobre todo
nuevos movimientos sociales diferentes a los del sesenta: movimientos barriales,
de las comunidades de bases y las iglesias, especialmente los sectores progresistas
de la Iglesia Católica; movimientos que enarbolaron las banderas de los
derechos humanos: contra los desaparecidos y las torturas, a favor del regreso
de los exiliados, por la amnistía de los presos políticos encabezados
en la gran mayoría de los países por mujeres.
88. La lucha
antidictatorial unificó actores, permitió crear amplios frentes
de lucha, pero que luego, conseguidos los objetivos mínimos del retorno
a la democracia, rápidamente se desintegraron. Lo mismo ocurrió
con las movilizaciones populares. No hay que olvidar que una de las condiciones
de las transiciones pactadas fue la desmovilización del movimiento popular.
Los actores populares, que fueron una pieza clave en la lucha de resistencia contra
la dictadura, al regresar la democracia son reemplazados por los profesionales
de la política que los suplantan y hablan en su nombre.
89. La transición
a la democracia que entonces se inicia aún no ha terminado. Lo que se ha
implantado en nuestros países han sido democracias "restringidas",
"tuteladas", "protegidas" o democracias de "baja intensidad"
como llaman otros. Los militares siguen presentes tras las bambalinas y hacen
sentir su voz cada vez que las fuerzas antineoliberales tienen la audacia de manifestarse
como una alternativa. El FMI y los bancos internacionales controlan nuestras políticas
económicas. El Parlamento es un escenario para las pequeñas escaramuzas,
porque las grandes batallas se dan en otros escenarios que escapan al control
de representantes electos por el pueblo.
90. Con el fin de las dictaduras
y las aperturas democráticas regresan los militantes de izquierda que estaban
en el exilio, pero éste sin duda dejó sus huellas. El diálogo
entre los que se quedaron y los que regresaron luego de un largo exilio no fue
fácil, ya que éstos volvieron impregnados por las ideas europeas
de la época(7) que estaban muy alejadas de las sufridas vivencias de quienes,
en la dura clandestinidad, habían hecho un gran esfuerzo por mantener en
alto las ideas y las prácticas revolucionarias.
91. La democracia
conquistada, por muy limitada que sea, abre un espacio para la reconstitución
de la izquierda y el movimiento popular. Se trata de un proceso lento, porque
encuentra muchos obstáculos, entre ellos obstáculos estructurales
que tienen que ver con la reestructuración económica que muchos
de estos países comienzan a asumir con más intensidad en ese momento,
que implica precarización de la fuerza de trabajo y fragmentación
social creciente.
Primeros años de la perestroika 92.
Un nuevo acontecimiento político conmueve a la izquierda por esa época:
los años iniciales de la Perestroika, proceso reformista iniciado en la
Unión Soviética en 1985 por Mijail Gorbachov., que llegó
al poder como secretario general del Partido Comunista soviético. Gorbachov
inicia su campaña de transformación del socialismo con dos lemas:
perestroika o reestructuración económica y política y glasnost
o transparencia informativa.
93. Este proceso, calificado por su líder
como más socialismo con más democracia, fue enormemente atractivo
para amplios sectores de la izquierda latinoamericana, entre los que me cuento,
hasta el punto de haber titulado un libro que hiciera sobre el tema como Revolución
de las esperanzas (Harnecker, 1987b). Muchos sentíamos que al fin había
llegado la hora de corregir aspectos que considerábamos negativos en esos
regímenes socialistas: la ausencia de debate, de construcción colectiva,
de protagonismo popular; las diferencias de oportunidades para los cuadros dirigentes
en relación con el simple ciudadano; el exceso de centralismo en la planificación
económica, que la tornaba ya inoperante tanto para competir en el área
mundial, como para satisfacer las propias necesidades de las personas y muchas
cosas más que no cabe enumerar aquí.
94. Los primeros años
de la Perestroika tuvieron como efecto positivo liberar la mente de la militancia
de izquierda, obligarla a pensar con cabeza propia. Se comienza a relegar al pasado
los catecismos y las verdades absolutas. El debate ideológico y político
que fue una tradición en los primeros años del movimiento comunista
internacional recobra fuerza: se considera nuevamente como algo provechoso, lícito
y necesario.
95. Por supuesto que la lectura de la Perestroika no fue la
misma por parte de toda la izquierda: hubo unos fundamentalmente algunos partidos
marxista-leninistas pro albaneses que se aferraron más a sus concepciones
dogmáticas, vanguardistas y sectarias: eran los únicos "puros"
que iban quedando; otros dieron un vuelco en ciento ochenta grados y llegaron
a ser más papistas que el papa -de stalinistas se vuelven "perestroikos"-,
actitud que muchos califican de oportunista y seguidista, porque renegaron de
todo su pasado y cuestionaron todo el andamiaje teórico y organizativo
que hasta entonces sustentaba a sus partidos; para un tercer grupo, la Perestroika
significó una reafirmación de una serie de elementos que ya había
empezado a incorporar, porque, producto del aprendizaje de éxitos y derrotas,
una nueva cultura de la izquierda había comenzado a nacer. No se renegaba
del pasado, se le examinaba autocríticamente, rescatando todo lo que él
tenía de valioso.
96. Pero nos duró poco el entusiasmo. Muy
pronto se vio que el proceso que, por lo demás, fue un proceso muy elitista
de estratos políticos e intelectuales, mientras la gran masa de pueblos
soviéticos se sentían cómodos con el sistema que esa élite
quería desmontar porque le proporcionaba una subsistencia garantizada y
una amplia seguridad social (Hobsbawm, 1994, pp.474-477), avanzaba con creciente
velocidad hacia el abismo, producto de la combinación de glasnost y perestroika.
Hay que reconocer que Fidel Castro tuvo la gran lucidez de prever muy tempranamente
hacia donde marchaba el proceso. Las transformaciones económicas radicales,
que implicaba la destrucción de los viejos mecanismos que hacían
funcionar la economía, sin que se tuviese una estrategia clara de cómo
reemplazarlos, provocó un creciente deterioro en la vida de los ciudadanos.
El país se movió hacia una apertura política que fue muy
bien aprovechada por la reacción occidental para conducir un proceso de
derechización interna, aprovechándose de la ingenuidad de Gorbachov(8)
en el mismo instante en que se hundía en la anarquía económica.
Es bien sabido que democratizar a los ejércitos no mejora su eficiencia.
Por otra parte, si no se quiere un sistema militar, hay que tener pensada una
alternativa civil antes de destruirlo, porque en caso contrario la reforma no
produce reconstrucción sino colapso (p.477). Segundo
período: Desde el desmoronamiento del socialismo en Europa del Este hasta
hoy Comienzo de la desintegración del socialismo en el Este y caída
del muro de Berlín (1989) 97. Lo que había
comenzado como una reestructuración del socialismo fue derivando así
rápidamente hacia su desintegración y va siendo controlado cada
vez más por las fuerzas pro occidentales. La política internacional
de la URSS y en general de los países socialistas del Este se va derechizando
a pasos agigantados inspirada en los teóricos del llamado "nuevo pensamiento"
que llegan al extremo de sostener que ya han desaparecido las contradicciones
con el imperialismo, que en este nuevo mundo no tienen sentido las luchas armadas
por la liberación nacional, que ha desaparecido la lucha de clases y que,
por lo tanto, la violencia como forma de lucha no se justifica. Esta situación
se traduce, por una parte, en: fuertes presiones a los movimientos revolucionarios
que están en enfrentamientos armados en Nicaragua, El Salvador, Guatemala
y Colombia, para que busquen resolver la situación por la vía de
la negociación política; en una disminución de la colaboración
económica y comercial con Cuba y en fuertes presiones para que este país
termine con su solidaridad con los países del Tercer Mundo, llegándose
a suspender toda la ayuda militar a la Revolución Cubana poco antes del
derrumbe de la URSS; y, por otra, en la reducción cada vez mayor de las
relaciones solidarias con los procesos revolucionarios latinoamericanos. Derrota
electoral sandinista (feb. de 1990) 98. En este contexto
mundial se produce la derrota electoral del Frente Sandinista en Nicaragua. Este
acontecimiento inesperado fue un duro golpe para la izquierda y especialmente
para los movimientos armados centroamericanos, que pudieron gozar de su solidaridad
militante.
99. Se demuestra una vez más la amplia gama de recursos
a los que puede apelar la política imperial para derrotar a un gobierno
de izquierda que no está dispuesto a someterse a sus designios: embargo
económico para bloquear el desarrollo y las reformas sociales; fomento
de una guerra contrarrevolucionaria para destruir unidades de producción,
acrecentar los gastos de defensa éstos llegaron a constituir el cincuenta
por ciento del presupuesto nacional-y aterrorizar a la población; utilización
de la Iglesia Católica encabezada por el cardenal Ovando, arma muy importante
en un país tan creyente; uso sistemático de los los medios de comunicación
internos y externos para llevar adelante una guerra ideológica contra la
revolución; y presiones políticas para buscar una salida una vez
creado el caos interno.
100. Esto no quiere decir que no haya habido errores
y no pequeños por parte de la dirección del Frente Sandinista (ver:
Harnecker, 1987c.)(9), pero evidentemente hay que buscar los principales factores
de la derrota en otra parte.
101. Más que errores subjetivos, existen
limitaciones históricas objetivas muy serias. Este proceso revolucionario
surge, por una parte, en uno de los países más atrasados de América
Latina y, por otra, en el momento en que el proceso de globalización capitalista
adquiere un carácter cada vez más neoliberal. Según William
Robinson, el proyecto sandinista era inviable debido a factores estructurales
globales (1997, p.206). Los nefastos efectos de la política desestabilizadora
llevada a cabo por el poder del capital transnacional apoyado por el poder estatal
de los Estados Unidos, y el contexto global que el país enfrentaba en la
década de los ochenta, empujó a la dirección sandinista a
establecer alianzas con fracciones de la burguesía que ya no eran las mismas
fracciones burguesas de antaño sino fracciones capitalistas modernizantes
ligadas al mercado capitalista mundial; éstas actuaron como puertas de
acceso del capital transnacional estadounidense que impuso medidas antipopulares
como la agroindustria privada y los subsidios industriales y, más tarde,
la aplicación de los planes de austeridad del FMI para hacer frente a la
hiperinflación en el país había caído, medidas que
terminaron por enajenarle a sectores creciente de su base social popular inicial.
102.
El FSLN cometió el error estratégico de organizar elecciones tras
diez años de guerra destructiva y de embargo económico. Revirtiendo
la lógica política revolucionaria organizaron elecciones en el terreno
preparado por la contrarrevolución. En condiciones de guerra revolucionaria
las elecciones siguen, no preceden a la paz, la reconstrucción económica
y la consolidación del Estado (Petras, 1990, p.17).
103. Una vez
derrotados electoralmente, los sandinistas entregaron el gobierno a la nueva presidenta
electa: Violeta Chamorro, pero lo interesante es que esta transición se
llevó a cabo dentro del marco jurídico desarrollado bajo la revolución
(Robinson, 1997, p.209), manteniéndose intocadas sus estructuras sociales,
económicas, políticas e ideológicas. La mayor parte del Ejército
Popular Sandinista, por ejemplo, se mantuvo intacto y no pudo ser usado al comienzo
como instrumento represivo frente al movimiento popular. Fue sólo luego
de enormes presiones del gobierno de los Estados Unidos para des-sandinizar al
ejército y la policía, presiones que llegaron hasta congelar por
completo el desembolso de la ayuda económica, que Washington logró
que a fines del 93 la policía se convirtiera en una fuerza típicamente
represiva y que el ejército sandinista adoptase la doctrina de ser garante
de la Constitución, reprimiendo las protestas populares cuando éstas
eran juzgadas ilegales y anticonstitucionales (pp.212-213).
104. Por otra
parte, el Frente Sandinista era entonces el partido más grande y mejor
organizado del país y sin duda el más grande de la izquierda latinoamericana
exceptuando el cubano y, durante casi un año mantuvo el control de la Asamblea
Nacional bloqueando cualquier intento del nuevo gobierno por realizar cambios
en la Constitución (Coraggio, 1990, pp.28-30).
105. A su vez, las
clases populares politizadas y organizadas resisten activamente el intento gubernamental
por implantar el proyecto neoliberal. El nuevo gobierno se ve obligado a aplicar
una estrategia contrarrevolucionaria a cámara lenta (Robinson, 1997, p.210).
Nicaragua ha vivido desde entonces conflictos sociales continuos tanto en el campo
como en la ciudad y el FSLN sigue siendo el partido más fuerte, al que
sólo se ha podido vencer electoralmente por la manipulación que
ha hecho la derecha fuertemente apoyada por el gobierno de Washington de los medios
de comunicación y el aparato electoral.
Desaparición
de la URSS (3 dic. 1991) 106. El 3 de diciembre
de 1991 desaparece del mapa un aliado estratégico fundamental de las fuerzas
de cambio en el mundo: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
107.
Ya nadie puede ignorar que se ha producido un drástico cambio de la correlación
mundial de fuerzas. Se entra en una era de unipolarismo militar y nortecéntrico
desde el punto de vista económico, político y cultural. La izquierda
ha perdido su aliado estratégico fundamental.
108. En este contexto
los movimientos armados quedan sin retaguardia y la mayoría de ellos se
ven obligados a buscar salidas negociadas para poner fin a los enfrentamientos
militares que habían emprendido hacía ya más de una década.
109.
Dada la nueva correlación mundial de fuerzas, aparece la tesis del cierre
del ciclo de las revoluciones antiimperialistas, entendiéndolas como enfrentamiento
total, militar y económico con el imperialismo (Tirado, 1990, p.16). Esta
tesis que nos desconcertó a muchos cuando fue planteada por primera vez
en 1990 por el comandante Víctor Tirado en el contexto de la derrota electoral
sandinista y antes de la debacle soviética, hoy es compartida por crecientes
sectores de la izquierda. Aceptarla no tiene por qué significar el abandono
de la convicción de que sólo mediante un programa antiimperialista
nuestros países podrán lograr su plena soberanía y desarrollo
nacional, sólo se trata de reconocer las dificultades que existen para
la victoria en este período ultraconservador en el que estamos viviendo.
Quizá sería entonces más preciso decir que dada la actual
correlación de fuerzas a nivel mundial se cerró temporalmente la
posibilidad de la consolidación de un proceso revolucionario antiimperialista
en la región. 110. La desaparición del socialismo
en Europa del Este agudiza también la crisis de los partidos comunistas
latinoamericanos, entre ellos los poderosos partidos comunistas uruguayo y chileno,
y en general conmueve a toda la izquierda y fuerzas progresistas que levantaban
la bandera del socialismo como meta. Las más afectadas son las organizaciones
políticas más dependientes del campo socialista. 111.
Pero evidentemente la más golpeada de todas es la izquierda centroamericana
(Perales, 1994), que hasta hacía muy poco tiempo había representado
la lucha más avanzada del subcontinente. Esta quedó perpleja, desconcertada,
masticando un sabor a derrota política no militar que nunca se atrevió
a confesar (p.40). La mayor parte de ella cuestiona hoy la posibilidad de tomar
el poder mediante una victoria militar. Para unos esto significa abandonar los
ideales revolucionarios y ubicarse dentro del sistema actual; para otros, pensar
en nuevos caminos que se inspiran en las mismas causas: la injusticia manifiesta
y la pobreza extrema (p.41). Estos últimos, sin embargo, están muy
lejos todavía de contar con una correlación de fuerzas favorable
a sus propuestas, que por lo demás son bastante débiles, especialmente
en el terreno económico. Acuerdos de Paz
del FMLN en El Salvador (16 ene 1992) 112. La
lucha guerrillera salvadoreña que significó para la izquierda de
América Latina lo que Vietnam para la izquierda europea y norteamericana
no terminó en un triunfo armado sino en una negociación política.
Muchos se preguntan si los logros alcanzados, luego de los acuerdos de paz que
ponen fin a la lucha revolucionaria después de tantos años de guerra
revolucionaria, están a la altura de los sacrificios.
113. Considero
que el camino seguido por los salvadoreños no puede ser analizado en función
de las metas que ese movimiento armado levantó en el momento de mayor auge
de la lucha guerrillera en ese país y cuando la situación del área
le era favorable, es necesario que se le analice dentro de la coyuntura creada
por la derrota electoral sandinista y la nueva correlación de fuerzas que
surge a nivel mundial como consecuencia de la desaparición de la URSS.
Después de una desgastante guerra de más de diez años, sin
retaguardia, con un pueblo que anhelaba la paz, ¿le quedaba al FMLN otro
camino que una salida negociada que le permitiera hacer uso de un determinado
espacio político? ese que la oligarquía salvadoreña le negaba
a través del fraude electoral y la represión antes de iniciarse
la guerra. ¿Pudo haber logrado más cosas en esa salida negociada?
Ese es un tema de debate. Un dato que ese debate no puede obviar son los últimos
resultados de las elecciones para diputados y alcaldes el 16 de marzo de 1997
que dieron al FMLN prácticamente un empate con ARENA, partido de gobierno
que sabe cómo utilizar la máquina estatal y el control de los medios
de comunicación para su campaña.
114. Según Rubén
Zamora (1993, pp.143-147), dirigente salvadoreño del Movimiento Popular
Socialcristiano (MPSC), la paz negociada desata tres transiciones y pospone una
cuarta.
115. La primera se refiere a la transición de la guerra
a la paz y termina con el cese de las acciones militares. La correlación
de fuerzas a favor de esta transición fue tan favorable que anuló
la posibilidad de que los sectores partidarios de la guerra pudiesen articular
un discurso público que revelara sus intenciones.
116. La segunda,
del militarismo a la desmilitarización es una transición más
difícil porque hay que vencer cuarenta años de militarismo y aunque
la correlación de fuerzas es favorable porque están a favor de este
objetivo no sólo el conjunto del movimiento democrático, sino un
sector del empresariado y de la propia derecha política, tanto un sector
de la derecha política como la cúpula militar se oponen bajo la
bandera e la defensa de la Institución Militar y de la estabilidad política
del país. Este sería el campo inmediato del conflicto político
luego del proceso de paz.
117. La tercera transición se refiere
a la concepción y ejercicio del poder político y tiene que ver con
el paso de un ejercicio excluyente del poder político a un ejercicio concertante
del mismo. Según Zamora de lo que se trata es de construir el consenso,
pues sólo entre todos se podrá superar la crisis de la sociedad,
pero reconoce que no existe una correlación de fuerzas favorable a su implementación.
Se oponen ella el conjunto de la derecha política y el empresariado, que
estaban dispuestos a hacer concesiones para terminar con la guerra, pero que no
están dispuestos a implementar una nueva práctica del poder político.
Pero, no solo se resiste la derecha, sino también sectores de la propia
izquierda que no han logrado modificar su cultura política verticalista
y autoritaria.
118. La cuarta transición es la que debe realizarse
en el terreno económico y esa simplemente no fue asumida por la negociación,
se pospuso dada la correlación desfavorable de fuerzas en la negociación
y el atrincheramiento de las fuerzas económicas antitransición en
el gobierno. Zamora sostiene que lo que con ello se ganó fue sólo
tiempo, pero que más temprano que tarde la cuestión económica
reclamará el papel central que le compete y el papel central que tuvo en
desencadenar la guerra (1993, p.147). Y estima que si no se inicia a tiempo esta
cuarta transición, puede producirse una nueva guerra.
119. Mientras
en Centroamérica las guerrillas han buscado caminos de paz a través
de salidas negociadas que han implicado su desarme, la lucha armada no sólo
se mantiene en Colombia, sino que crece. Es el único país en el
que esta forma de lucha por el poder político no sólo es un hecho,
sino un fenómeno político, social y militar que esto ocurre. El
propio gobierno y las fuerzas armadas reconocen que la guerrilla es hoy un factor
de poder e influencia y que están muy lejos de poder derrotarla.
120.
Las tres organizaciones político-militares históricas: las FARC,
el ELN y el EPL, agrupadas en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar,
con ciento siete frentes guerrilleros establecidos, tienen presencia en la mayor
parte del territorio nacional, especialmente en zonas rurales y suburbanas. Una
prueba del reconocimiento oficial de sus fuerzas es la demanda del general Harod
Beyoda antes de pasar recientemente a retiro a la Cámara de Representantes
para que se postergaran las elecciones de alcaldes ya que existía un estimado
militar de que la insurgencia podía llegar a controlar alrededor de quinientas
municipalidades y ello representaría la existencia de un poder paralelo
ya que representaba casi la mitad de las existentes en el país (1050 alcaldías
en toda la nación). Luego de las elecciones de octubre del 97 diferentes
analistas han llegado a la conclusión de que la guerrilla controla alrededor
de trescientos municipios y tiene una influencia muy importante en cuatro gobernaciones.
121.
Otra prueba es el reconocimiento internacional que le otorgan muchos gobierno
de América Latina y Europa como fuerza beligerante. Y el propio presidente
Samper al hacer un llamado durante la Cumbre Iberoamericana a los países
amigos a seguir cooperando en la solución del conflicto.
122. En
el orden militar la guerrilla colombiana ha pasado de una fase defensiva a una
de carácter ofensivo. De ello son testigos la toma del campamento de las
Delicias, en la que se hicieron más de sesenta prisioneros y los exitosos
combates en el Sur del país donde el ejército colombiano sufrió
una grave derrota. En el plano político, buscan consolidar su coordinación
y unidad para llegar a un diálogo con el gobierno que pueda abrir paso
a una negociación, pero sin entrega de las armas ni abandonar los combates. Avance
electoral de la izquierda en los noventa 123.
A pesar del negativo contexto internacional la izquierda latinoamericana avanza
en el terreno electoral. El Partido de los Trabajadores de Brasil, a menos de
diez años de fundado, logra ganar, en 1988, la estratégica alcaldía
de Sao Paulo y tres otras alcaldías capitales de estado (Porto Alegre,
en Río Grande do Sul; y Vitoria, en Espírito Santo), además
de treintitrés alcaldías de menor importancia. Y, un año
más tarde, su líder, Luis Inácio da Silva, más conocido
como Lula, estuvo a punto de llegar a ser presidente del más poderoso estado
de América Latina y todas las encuestas en las siguientes elecciones del
94 lo daban por ganador hasta que la derecha fabrica la candidatura de Fernando
Henrique Cardoso y su Plan Real. El PT ha conseguido, sin embargo, avanzar, tanto
en número de diputados y senadores, como de alcaldías conquistadas(10).
124.
El Frente Amplio de Uruguay, el más longevo frente político de izquierda
de América Latina, con más de veintiséis años de vida,
gana en 1989 la Intendencia de Montevideo, donde radica la mitad de la población
de la República, con la figura de Tabaré Vásquez, un carismático
médico oncólogo socialista, quien, cinco años después,
estuvo muy cerca de ganar la presidencia de la República, de hecho obtuvo
ciento cincuenta mil votos más que el candidato triunfante, Sanguinetti,
quien sólo por la Ley de Lemas, que rige el sistema electoral uruguayo,
pudo acceder a ese alto cargo. Al mismo tiempo el Frente Amplio reconquistó
la Intendencia (Harnecker, 1995).
125. En las últimas elecciones
en El Salvador 16 de marzo de 1997 el FMLN ganó el gobierno de la ciudad
capital y varias alcaldías de las ciudades más importantes, mientras
obtenía veintisiete escaños en el Parlamento. ARENA, por su parte,
obtenía el triunfo en ciento sesentiuna alcaldías menores y sacaba
veintiocho diputados. El problema ahora es ver qué hace con los espacios
de poder conquistado.
126. El PRD en México, luego de un fraude
electoral de gran envergadura que impide que Cuauhtémoc Cárdenas,
máximo líder del Partido Revolucionario Democrático (PRD),
llegue en 1988 al sillón presidencial, en 1997 nada ha podido impedir que
gane sin discusión las elecciones del Distrito Federal y se vislumbre como
un serio rival para las próximas elecciones presidenciales, obteniendo,
al mismo tiempo, una amplia mayoría en el poder legislativo distrital.
127.
Por su parte, La Causa R, en Venezuela, que inicia su incursión en el terreno
institucional en 1984 con cuatro concejales en la Alcaldía de Caroní,
ciudad industrial del Estado de Bolívar, cuatro años después
logra tres diputados federales y al año siguiente conquista la Alcaldía
de Caroní y el gobierno del Estado de Bolívar. Tres años
más tarde reconquista ambos gobiernos locales y gana la Alcaldía
de Caracas, capital de Venezuela, obteniendo mayoría absoluta en las tres
cámaras legislativas triunfo electoral notable en el que parece haber contribuido
grandemente el que el pueblo identificara a La Causa R con el Movimiento Bolivariano
encabezado por Chávez. Y en las elecciones generales de 1993 sube de tres
a cuarenta diputados y ocho senadores, aunque luego, por razones que aquí
no podemos analizar, pierde tanto la gobernación del Estado de Bolívar,
como la alcaldía de Caracas. La Causa R denunció fraudes electorales
en ambas situaciones. La realidad parece ser más compleja que eso. De hecho
este partido terminó en un lamentable división en febrero de 1997.
128.
Esta inserción institucional de la izquierda ha tenido sus costos. Muchas
veces se han moderado las propuestas, el lenguaje y las iniciativas para atraer
a sectores de centro, olvidando que no ha sido capaz todavía de concitar
la adhesión del electorado más pobre, el que debería tender
naturalmente a identificarse con un programa de izquierda. Otras tantas se han
hecho campañas electorales muy tradicionales que no dejan réditos
pedagógicos y que determinan que, en caso de un fracaso electoral, además
de la frustración, el desgaste y el endeudamiento producto de la campaña,
el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento político de quienes
fueron receptores y actores de la campaña: quedando una sensación
de que todo ha sido en vano ya que las múltiples actividades realizadas
no han permitido acumular fuerza política.
129. Por otra parte,
muchas veces, esta izquierda ha tendido más a adaptarse al escenario que
a crear una dinámica de transformación del mismo (Vilas, 1996, p.34)
y, por otra parte, ha sido incapaz de levantar un programa alternativo al neoliberalismo
serio y creíble.
130. Este indudable avance institucional platea
a la izquierda latinoamericana enormes desafíos. Entre ellos: cómo
ser al mismo un partido de gobierno sin dejar de ser un partido de lucha(11);
cómo evitar caer en las prácticas políticas tradicionales
y lograr diferenciarse de los demás partidos políticos frente a
una opinión pública cada vez más escéptica de la política
y de los políticos; cómo usar de los espacios institucionales para
fortalecer y no debilitar al movimiento popular; cómo evitar que sus cuadros
no sean cooptados por el sistema.; cómo lograr ser más que meros
administradores de la crisis.
Chiapas: una guerrilla acorde a los
nuevos tiempos 131. En medio de estas expectativas
electorales que recorrían a América Latina de Norte a Sur, y cuando
circulaba profusamente por el continente el libro de Castañeda: La utopía
desarmada, se producía, el 1 de enero de 1994, en Chiapas, pueblo indígena
del estado mexicano de Guerrero, una rebelión popular dirigida por el Ejército
Zapatista de Liberación Nacional, organización guerrillera comandada
por cuadros indígenas y ladinos, entre los cuales se encuentra el ya legendario
subcomandante Marcos.
132. Miles de indígenas y campesinos habían
optado por el camino de las armas para hacer visible lo que el régimen
neoliberal de ese país ocultaba: las condiciones infrahumanas de hambre,
miseria y explotación en la que vivían esos habitantes de la selva
Lacandona ignorados por los medios de comunicación.
133. La rebelión
armada conmovió al país y al mundo poniendo al desnudo la marginalidad
y la opresión de esos pueblos indígenas, los abusos, la insensibilidad
y la corrupción del poder judicial, la connivencia del poder público
con las clases dominantes.
134. El EZLN es una guerrilla diferente a las
anteriores guerrillas latinoamericanas. No se propone conquistar el poder por
las armas y tampoco se propone luchar como partido político al lado de
otros partidos políticos tradicionales para ocupar puestos en el gobierno,
su propuesta es la construcción ascendente de una sociedad cooperativa
y solidaria.
135. Refleja una nueva cultura de la izquierda: "mandar
obedeciendo", representar y no suplantar", "construir y no destruir",
"proponer y no imponer", "convencer y no vencer".
136.
Ha sido muy creativo en la reapropiación del lenguaje común y de
los medios de comunicación, logrando romper el bloqueo informativo a través
del correo electrónico y la Internet.
137. Luego de los primeros
enfrentamientos armados estuvo dispuesto a negociar. Su meta fue siempre llevar
el mensaje al corazón de México y ocupar con su presencia los espacios
con mayor concentración urbana, pero un enemigo mucho más poderoso
ha impedido que se cumplan sus propósitos y a través de continuas
acciones militares ha ido arrinconando a los sublevados en regiones cada vez más
inhóspitas de la selva.
138. Sea cual sea el resultado de esta lucha,
ha logrado uno de sus principales objetivos: hacer presente el tema de los olvidados
de siempre. Pero no sólo eso, ha mostrado ante el mundo que existe una
nueva cultura de la izquierda que conquista simpatía en significativos
sectores de la sociedad: está demostrando que sí puede haber una
izquierda diferente.
Conclusión 139.
La situación de América Latina y el mundo ha cambiado enormemente
en relación con la época que le tocó vivir al Che y en la
que dimos nuestros primeros pasos militantes. Aquí sólo hemos señalado
muy sucintamente los acontecimientos políticos que más han marcado
a nuestra izquierda. En otro trabajo nos referiremos con más detalles a
los cambios que ha sufrido el mundo.
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Transformaciones y desafíos, en Visiones alternativas sobre la transición,
Editorial Sombrero Azul, San Salvador, 1993, pp. 143-168. NOTAS
1 De este libro, cuyo origen, fueron unas notas modestas
notas para un un curso que impartí a un grupo de militantes revolucionarios
en París, han circulado por el mundo de habla hispana, para mi sorpresa,
alrededor de un millón de ejemplares. Y a pesar del descenso del interés
por el marxismo luego de la caída del socialismo de Europa del Este, sigue
usándose en las universidades latinoamericanas y, según supe, también
en Francia y Bélgica. Estoy consciente de que debería corregir nuevamente,
revisando expresiones que se han prestado a interpretaciones incorrectas, ampliando
algunos temas, modificando otros. Si no lo he hecho es por haber estado completamente
absorbida por mis entrevistas con cuadros políticos de América Latina
con el objetivo de divulgar las experiencias a través de la voz de sus
propios protagonistas. 2 Es interesante observar que el golpe militar brasileño
contra el gobierno de Goulart no estuvo presente como algo fundamental en los
análisis de la izquierda de esa época, a pesar del esfuerzo que
hicieron muchos de sus militantes por alertarnos de lo que podía venir
en nuestros países. 3 En Chile podía ser electo presidente el
candidato que obtuviera la mayoría relativa de los votos siempre que éste
fuera ratificado por el parlamento. Aunque había sido una tradición
ratificar siempre al candidato con mayoría relativa, por la excepcionalidad
del caso de Allende no se descartaba que esa situación pudiese variar.
Se discutía mucho en esa época acerca del carácter de clase
del Partido Democratacristiano. Sectores de la izquierda, basándose en
la heterogeneidad social de su militancia, que iba desde el poblador y el obrero
hasta el burgués, hablaban de un partido pluriclasista. Otros, entre quienes
me encontraba, sosteníamos que el carácter de clase de un partido
no se mide por el origen social de su militancia, sino por el carácter
de clase del proyecto político y social que levanta. Y, en este sentido,
el "Estatuto de Garantías Constitucionales" era elocuente en
cuanto al carácter de clase burgués de ese partido. 4 . Destacadas
figuras católicas forman parte del gobierno. 5 De un 126 por ciento
a inicios de año se reduce a un 12,3 por ciento en mayo. (Barricada, 1989,
p.28) 6 Conformada por las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), el Ejército
Guerrillero de los Pobres (EGP), la Organización del Pueblo en Armas (ORPA),
que luego conformaron la la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca
(URNG) junto con el Partido Guatemalteco de los Trabajadores. Ver entrevistas
a sus comandantes en Parte III de Harnecker, 1994. 7 Portadores de las problemáticas
políticas e ideológicas que se debaten en ese momento en los países
que los acogen, tanto de Europa, como de los países socialistas: el eurocomunismo,
la crítica al socialismo real. 8 Hay quienes piensan que no hubo tal
ingenuidad, sino que Gorbachov premeditadamente condujo a la URSS a su desintegración. 9
La dirección sandinista era consciente de la mayor parte de estos errores,
como lo demuestra en entrevistas que realicé en 1988 con los comandantes:
Bayardo Arce, Jaime Wheelock, Luis Carrión, Carlos Carrión, Dora
María Tellez, Javier PENDIENTE y que iban a formar parte de un libro cuyo
título iba a ser: El papel protagónico de las masas, fuerza fundamental
de la revolución. En ellas se analizaba por qué la contrarrevolución
había logrado avanzar tanto en el Norte y qué cosas había
que rectificar en la conducción sandinista. Cuando el libro estaba en plena
elaboración el FSLN decide implantar las medidas del FMI, que echan por
tierra todas sus intenciones de rectificación del verticalismo en la conducción
política: no se podía consultar al pueblo sobre medidas netamente
antipopulares. El trabajo quedó inconcluso e inédito, salvo la entrevista
a Carlos Carrión que salió en Argentina. (Harnecker, 1987c.) 10
Sólo perdió en la segunda vuelta por tres millones de votos de un
electorado de 82 millones 74 mil 718 votos. 11 Tarso Genro, Intervención
en el Foro de alcaldes de 1996 realizado en Minas Gerais *
Martha Harnecker es educadora popular chilena. Autora de numerosos trabajos de
investigación sobre la izquierda latinoamericana.
TEXTOS
DE MARTA HARNECKER PARA BAJAR (CLACSO) http://168.96.200.17/ar/libros/martah/martah.html
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