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Lima 2006:
UNA VISIÓN NOSTALGICA DE LA PATRIA

Por Kukuly León

Sigo aún pensando en las palabras que puedan expresar mis dudas, impresiones y pensamientos de nuestro viaje a Perú que realizamos en el verano 2006. Palabras que van a tratar de describir la realidad peruana percibida por ojos jóvenes en búsqueda de un mundo mejor. Esta realidad fue observada por medio de dos ojos que poco a poco se han estando despertando de un largo sueño. Ojos cuales muy poco han visto pero suficiente para poder darse cuenta que vivimos en un mundo demasiado injusto.

Llegamos a Lima, una amiga y yo, un jueves en la tarde. Despues de haber "vivido" 14 horas y 25 minutos de mi vida en un cajón de lata que suavemente cruzaba el grande lago que divide el llamado primer mundo de el tercer mundo. Pude finalmente desembarcar mi maleta y dirigirme con ansiedad al encuentro con mi familia.

Despues de haber vivido diez años en un pais llamado Noruega, con una cultura distinta, otra forma de pensar, senti en ese momento en el aeropuerto internacional Jorge Chavez de Lima, que la felicidad de poder estar en casa nuevamente me picaba por todo el cuerpo.

¿Cómo poder explicar con palabras la felicidad que a uno le absorbe estando en casa?

Lamentablemente la felicidad se extinguia al mismo ritmo de el crecimiento de la tristeza que, hace un año atras, me habia acompañado al ver mi alrededor y ver que nada habia cambiado. Lima sigue siendo un laberinto caótico donde unos pocos encuentran la salida mientras otros muchos recorren los mismos callejones en búsqueda de algo mejor sin encontrar la salida. Aun hay niños, jóvenes que hacen su espectáculo cada vez que la luz del tráfico cambia al color rojo, para tener unos cuantos segundos de demostracion acrobática y asi ganar una propina para complacer el hambre del dia comprando un pan blanco en la tienda de la esquina.

Aun hay estudiantes que viajan de un extremo a otro de la ciudad para poder sacar un diploma el cual les pueda dar la llave tan deseado de tantos para abrir la puerta del laberinto, y encontrarse con otro laberinto de un país que les niega el futuro a sus jóvenes y que como última alternativa buscan a como de lugar irse a otros lugares lejanos.

Taxistas siempre hay de más, que de un lado a otro recorren toda la ciudad para finalmente poder ganar unos cuantos soles que les pueda ayudar a sobrevivir. Mis ojos tambien vieron mujeres indigenas cargando bolsas de plastico vendiendo caramelitos para asegurarse la sopa del dia. Mientras percibia estas imágines y las guardaba en mi memoria pude tambien observar edificios grandes llenas de luces a todo color que si no decia “dollars” con grandes letras decia “Be a millioner.” Uno se podria preguntar si realmente habia llegado a la capital de Peru o a la capital de consumo de los EE.UU, Las Vegas.

Cada cuadra que pasabamos con el carro, cada esquina que volteabamos, cada lado que veia pude ver el falso retrato de la cultura, si la podemos llamar asi, de gringolandia. Y cada vez que veia esa copia de ser algo que no somos, cada vez mas sentía que Peru y su Lima perdia un pedazo mas de su identidad. No solo pude reconocer el contraste perverso de la desigualdad entre edificios reflejando el consumo, la soberbia, el capitalismo y al otro lado la sencilla humildad de jóvenes, taxistas, vendedoras y niños, pero tambien sentirlo dentro de mi y asi la rabia contaminada poco a poco en cada vena de mi cuerpo por sentir mi patria sin esperanza alguna.

Y uno se pregunta ¿porqué? ¿Porqué tanto desastre humano? ¿Porqué tanta desigualdad? ¿Porqué tanta miseria?

Nos cuesta tanto cambiar y tan poco acotumbrarnos. Ver gente marginada que no tienen techo donde reposar, que les falta educacion, que roba por necesidad, jóvenes que se les llama vagos deambulando sin rumbo,o mejor dicho cholos o indios que simplemente no suspiran mas y que se dedican a tomar en la cantina mas cercana para aligerar sus penas. Ahora es normal ver a los lustrabotas, en la orilla del mar del callao, drogandose con una botella de pegamento. Es normal ver “cholos” pidiendo limosna en la puerta de la catedral. Es normal ver la injusticia que dia por dia hunde el Peru. Aun asi en esas circunstancias vi tantas caras, tantos gestos que mostraban la alegria de aun poder asistir a las clases de la vida, pero que al mismo tiempo mostraban en el fondo de sus miradas la impaciencia de poder ver un cambio en este pais. Y aun se puede, aunque aveces se escondo en los rincones mas oscuros del ser humano, sentir que la semilla de la esperanza de un cambio esta brotando. Y parece que esa esperanza, a veces invisible, estara ahi siempre y estara buscando el momento preciso en el tiempo para que de nacimiento a una sociedad mas justa.

Alguien nos ha hecho creer que la igualdad entre seres humanos no es posible, alguien nos ha hecho creer que el destino no es posible cambiar y alguien nos ha dividido. Pero, estos ojos jóvenes que empiezan a ver el mundo tiene la ilusión de que un día mi patria cambie, y que un día "el reino de la felicidad" se implante en ese pedazo de tierra llamado Perú.

 


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