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TUNGSTENO Servando Huanca volvió a la carga sobre Benites. -Pero, vamos a ver, señor Benites. ¿Usted no está convencido de que los gringos y los Marino son unos ladrones y unos criminales, y que viven y se enriquecen a costa de la vida y la sangre de los indios? -Completamente convencido -dijo Benites. -¿Entonces? Lo mismo, exactamente lo mismo sucede en todas las minas y en todos los países del mundo: en el Perú, en la China, en la India, en Africa en Rusia... -Pero no en los Estados Unidos, ni en Inglaterra, ni en Francia, ni en Alemania, porque allí los obreros y la gente pobre está muy bien... -"¿La gente pobre está muy bien?" ¿Qué es eso de que "la gente pobre está muy bien? Si es pobre, no puede entonces estar bien... -Es decir que los patrones de Francia, de Inglaterra, de Alemania y de los Estados Unidos no son tan malos ni explotan tanto a sus compatriotas como hacen con los indígenas de los otros países... -Muy bien, muy bien. Los patrones y millonarios franceses, yanquis, alemanes, ingleses, son más ladrones y criminales con los peones de la India, de Rusia, de la China, del Perú, de Bolivia, pero son también muy ladrones y asesinos con los peones de las patrias de ellos. En todas partes, en todas, pero en todas, hay unos que son patrronos y otros que son peones, unos que son ricos y otros pobres. Y la revolución, lo que busca es echar abajo a todos los gringos y explotadores del mundo, para liberar a los indios y trabajadores de todas partes. ¿Han leido ustedes en los periódicos lo que dicen que en Rusia se han levantado los peones y campesinos? Se han levantado contra los patrones, y los ricos, y los grandes hacendados, y contra el Gobierno, y lo han botado, y ahora hay otro Gobierno. -Sí, Sí. Sí he leído en El Comercio -decía Benites-. Pero se han levantado sólo contra el zar. No contra los patrones y ricos hacendados, porue hay siempre patrones y millonarios... Sólo han botado al zar. -Sí; pero ya van a ver ustedes!... -Claro! -dijo Benites entusiasmándose- Hay en el nuevo Gobierno de Rusia un gran hombre, que se llama... Que se llama... -Kerensky! -dijo Huanca. -Ese, ése, Kerensky. Y ése dicen que es muy inteligente un gran orador y muy patriota, y que va a hacer justicia a los obreros y a los pobrres. Servando Huanca se echó a reír, repitiendo con zumba; -Qué se va a hacer justicia! Qué va a hacer justicia!... -Sí; porque es muy inteligente y honrado y muy patriota... -Será otro zar, y nada más! -dijo enérgicamente el herrero-. Los inteligentes nunca hacen nada de bueno. Los que son inteligentes y no están con los obreros y con los pobres, sólo saben subir y sentarse en el Gobierno y hacerse, ellos también, ricos y no se acuerdan más de los necesitados y de los trabajadores. Yo he leído, cuando trabajaba en los valles azucareros de Lima, que sólo hay ahora un sólo hombre en todo el mundo que se llama Lenín, y que ése es el único inteligente que está siempre con los obreros y los pobres y que trabajaba para hacerles justicia conta los patrones y hacendados criminales. Ese sí que es un gran hombre!. Y van a ver!. Dicen que es ruso y que los patrones de todas partes no le pueden ver ni pintado, y han hecho que los gobiernos lo persigan para fusilarlo... El agrimenso decía incrédulo: -No hará tampoco nada. ¿Qué va a hacer, si lo persiguen para fusilarlo? -Ya verán ustedes!. Ya verán! Ahí tengo un periódico que me han enviado de Lima, escondido. Ahí dicen que Lenín va a ir a Rusia y va a levantar las masas contra ese Kerensky y lo va a botar y va a poner en el Gobierno a los obreros y a los pobres. Allí también dice que lo mismo hay que hacer en todas partes: aquí en el Perú, en Chile, en el extranjero, en todos los países, para botar a los gringos y patrones y ponernos nosotros, los obreros y los pobres, en el Gobierno. Benites sonreía con escepticismo. El apuntador, en cambio, oía con profunda unción al herrero. -Eso -dijo Benites muy preocupado-, eso es muy difícil. Los indios y los peones no pueden ser Gobierno. No saben ni leer. Son aún ignorantes. Además hay dos cosas que no hay que olvidar: primero, que los obreros sin los intelectuales -abogados, médicos, ingenieros, sacerdotes, profesores- no pueden hacer nada y no podrán, no podrán, y no podrán nunca. Segundo, que los obreros, así estuviesen preparados para gobernar, tienen que ceder siempre los primeros puestos a los que ponen el capital, porque los obreros sólo ponen su trabajo... -Muy bien. Pero, entendámonos, señor Benites!. Ya le he dicho que...! -Sí. De acuerdo. Estamos acordes en que deben gobernar sólo los que... -No, no, no!. Espéreme un instante!. Hágame el favor!. Déjeme hablar. Vamos por orden: dice usted que los obreros no pueden hacer nada sin los abogados, profesores, médicos, sacerdotes, ingenieros. Bueno. Pero lo que pasa es que los uras, profesores, abogados, y demás, son los primeros ladrones y explotadores de indio y del peón Benites protestó: -No, señor!. No, señor!... -Sí, señor! Sí -decía el herrero enardecido. -Sí!. Sí!. Sí -decía tambien con ímpetu el apuntador- Los médicos, los ingenieros y todos esos que se las dan de señoritos inteligentes, son unos ladrones y esquilman a los indios y los pobres. Sí! Sí! Usted mismo -añadio irritado el apuntador, dirigiéndose a boca de jarro al agrimensor-, usted mismo y el profesor Zavala y el ingeniero Rubio tomaron parte en la muerte de la Graciela en el bazar!... -No, señor! Está usted equivocado! -argumentaban en tono amedrentado Benites. -Sí! Sí! -decía el apuntador, desafiando al agrimensor- Usted es un hipócrita, que sólo vino a ver a Huanca, para vengarse de los gringos y de Marino, porque le han quitado el puesto y porque le han robado sus socios, y nada más. Usted y Rubio fueron los primeros con el coche Marino, en quitarles sus chacras, sus animales y sus granos a los soras robándoles y metiéndoles después en las minas, para hacerlos morir entre las máquinas y la dinamita, como perros... Usted quiere ahora engañarnos y decir que quiere ponerse con nosotros, cuando no es cierto. Usted se irá con los gringos y con los Marino, apenas le vuelvan a llamar y a dar un puesto. Y entonces, usted será el primero en traicionarnos y decir a los patrones lo que estamos haciendo y lo que estamos diciendo aquí. Sí! Sí! Así son los ingenieros y todos los profesores, y doctores, y curas, y todos, todos! No hay que creerles a ustedes nada! Nada! Ladrones! Criminales! Traidores! Hipócritas! Sinverguenzas!
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