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JUEGOS
PELIGROSOS "El mundo ha llegado
al límite de una frontera; si la cruza todo puede convertirse en
una locura" En los últimos 20 años, un reducido grupo de países han llegado a producir una cantidad aterradora de armas nucleares, biológicas y químicas capaces de terminar con todo signo de vida en nuestro planeta. Inmensas cantidades de recursos económicos y humanos son destinados a la producción de estas armas de destrucción masiva, siendo desde lejos, los Estados Unidos, el país que posee el mayor arsenal nuclear y el que mayores recursos destina a este rubro. Cerca de un tercio de su presupuesto de el 2006, es decir, 850 mil millones de dólares, ha destinado la administración Bush para gastos militares: 400 mil millones al pentágono y una cantidad casi similar distribuida entre diversos programas -el Departamento de Energía que produce las ojivas nucleares, el National Space Policy dedicado a la investigación militar del espacio, los gastos que demandan las guerras de agresión en Irak y Afghanistan o el financiamiento a las actividades militares estadounidenses en el extranjero etc-. y que en conjunto forman parte del sistema de defensa de los EE.UU. Estado Unidos, Rusia, China, Francia, Inglaterra, India, Pakistan e Israel son los países que pertenecen al denominado club nuclear y poseen la bomba atómica. De todos ellos, Estados Unidos es el único país que ha utilizado la bomba atómica en dos ocasiones: Hiroshima y Nagasaki. A este grupo se ha sumado recientemente Corea del Norte, luego de haber llevado a cabo su primera prueba nuclear. Y según informes del Instituto de Energía Nuclear, existe una decena más de países que cuentan con los recursos y capacidades tecnológicas suficientes como para producir la bomba atómica. Es decir, a pesar de los esfuerzos e iniciativas por impedir la proliferación de las armas nucleares, son cada vez más los países que buscan producir este tipo de armamento. Un panorama ciertamente desolador, puesto que para muchos, el fin de la guerra fria suponía que la humanidad ya no se vería sometido a una nueva carrera armamentista. Y es que mientras por un lado, se exige a los países que no poseen armamento nuclear se sometan a los acuerdos establecidos en el Tratado de No Proliferación Nuclear y renuncien a todo intento de usar la energía nuclear con fines militares. Por otro lado, vemos que los países que poseen armas nucleares, tienen libertad total para desarrollar programas mas sofisticados y producir armas destructivas de una capacidad desvastadora inimaginable, sin que la comunidad internacional pueda ejercer algun tipo de control sobre los programas militares que llevan a cabo. ¿O acaso alguien puede imaginarse al Instituto de Energía Nuclear supervisando los programas militares que el pentágono desarrolla? Este es el caso de Estados Unidos o Israel, dos países que cuentan con un impresionante arsenal nuclear y poseen una fuerza militar dotada de los armamentos mas modernos con un poder destructivo aterrador. Y con el terrible atenuante, de que estos dos países no solo producen armas letales, sino que tambien lo usan contra la población civil, como en Palestina, Afghanistan, Fallujah o Libano. Sin embargo, en el caso de Corea del Norte y de Iran, ambas naciones definidas por George Bush como partes del llamado "eje del mal", que han desafiado las advertencias del imperio y vienen desarrollando su programa nuclear, son objeto de fuertes presiones y sometidos a una suerte de aislamiento internacional por parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es decir, el mismo órgano de las Naciones Unidas que mantuvo una actitud condescendiente con Israel en su brutal guerra de agresión contra Libano y se negó a condenar la masacre de cientos de inocentes víctimas civiles que murieron como consecuencia del uso indiscriminado de las bombas fragmentarias o de armas con fósforo blanco cuyos usos estan prohibidas por la convención de Ginebra o que avaló la brutal guerra de agresión yanqui contra Irak; de una manera rápida condenaron la prueba nuclear realizada por Corea del Norte y aprobaron un plan de bloqueo militar y económico, cerrando cualquier posibilidad de buscar una solución negociada y reavivando asi el fantasma de una nueva conflagración bélica en la peninsula asiática. En el caso específico de Corea del Norte, si nos abstraemos de analizar el contexto histórico en que llevó a cabo su primera prueba nuclear controlada, si sólo nos detenemos a observar el árbol perdiendo de vista el frondozo bosque, corremos el riego de asumir entonces de una manera simplista una actitud de condena a la decisión del régimen de Pyongyang de efectuar su primer ensayo nuclear, y eludir los problemas de fondo que conllevaron a que este país asiático efectura dicha prueba. Lamentablemente la historia no se nos presenta como un acto solo y aislado, sino que es la continuidad permanente de una serie de hechos y acontecimientos que conllevan a que en nuestro análisis de la situación concreta de un determinado momento la situemos dentro de su contexto histórico en que se desarrolla y asi poder establecer cual es la causa principal que jalona el desarrollo posterior de los acontecimientos. La peninsula asiática, luego de la cruenta guerra de 1950, en donde murieron más de dos millones de personas y donde nunca se llegó a firmar un tratado de paz, es un lugar de permanente conflicto, y lo que en teoria debería ser una zona desmilitarizada, alrededor del paralelo 38, es hoy una de las zonas mas militarizadas y peligrosas del planeta. 50 mil soldados norteamericanos, dotados de armamento moderno, se encuentran destacados alrededor del paralelo 38 con la anuencia del gobierno de Corea del Sur. A esto hay que agregar la presencia militar que mantiene los Estados Unidos en Japon y que tiene capacidad de actuar de manera rápida en caso de un conflicto militar en la peninsula asiática. Esta presencia militar norteamericana constituye el principal factor de tensión en la zona y espolea de manera peligrosa las tensas relaciones entre las dos Coreas. El pacto militar que une a Corea del Sur y Japón con los Estados Unidos establece claramente que los Estados Unidos otorgará protección nuclear a Corea del Sur en caso de un conflicto armado con Pyongyang. Esto significa que los Estados Unidos se reservan el derecho a usar el arma nuclear en caso de que estalle un conflicto bélico en la zona. George Bush, al incluir a Corea del Norte dentro del denominado "eje del mal" ha empujado a los sectores mas beligerantes de la clase política sur-coreana a rechazar las tímidas medidas emprendidas en el 2000 por Kim Dae Jung y Kim Jong Il de favorecer a la búsqueda de soluciones pacíficas entre las dos Coreas. Washington ha impuesto una política agresiva contra Corea del Norte, que van desde la provocación abierta con la realización de ejercicios militares de manera regular con la participación de los ejércitos de Estados Unidos, Corea del Sur y el Japón, hasta medidas de boicot económico financiero que buscan el colpaso económico de Pyongyang, para facilitar su anexión a Corea del Sur. Es decir, los Estados Unidos vienen desarrollando una guerra de baja intensidad contra el régimen de Pyongyang y que, al igual que en la cruenta guerra de 1950, haciendo uso de su enorme poder en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, utiliza a este organismo para lograr alcanzar sus objetivos políticos estratégicos de llegar a tener el dominio total sobre la peninsula asiática. Estrategia que al alimón desarrolla conjuntamente que con el Japón, país que nunca ha renunciado a ver mermado sus influencias en su antigua colonia y que se ha convertido en el mas ferviente impulsor de las medidas de bloqueo impuesto por el Consejo de Seguridad contra Corea del Norte. La reciente designación del dirigente sur-coreano Ban Ki-moon, como nuevo Secretario General de las Naciones Unidas no parece ser casual. Ban Ki-moon es un ferviente partidario de la línea dura contra Corea del Norte, y por ello que resulta preocupante el duro lenguaje usado por el flamante nuevo Secretario General de la ONU condenando abiertamente a Corea del Norte y llamando a que el Consejo de Seguridad actue de manera unificada imponiendo las sanciones pertinentes. Enfrentados a la disyuntiva de claudicar o resistir, el régimen de Pyongyang ha optado por la segunda alternativa. La de resistir y defender su derecho a la existencia como un estado independiente y el derecho a determinar libremente su sistema socio-económico. Hacer frente a las agresiones del imperialismo yanqui demanda algo mas que discursos. No olvidemos que el neoconservadurismo que gobierna los Estados Unidos han reivindicado la doctrina de la guerra preventiva y el derecho que dizque tiene los Estados Unidos de intervenir militarmente en "cualquier obscuro lugar del planeta". Estas no son lamentablemente simples amenazas, sino que es parte de la nueva doctrina que el imperialismo yanqui viene desarrollando en su afan de lograr el dominio absoluto. Irak y Afghanistan son un ejemplo de la lógica guerrerista que prima en la mentalidad de Bush y cia. Dos cruenta guerras basadas en un cúmulo de mentiras y que han llevado la muerte y destrucción a cientos de miles de hombres, mujeres, niños y ancianos que han tenido la mala suerte de nacer en esos países. La apuesta de Corea del Norte es ariesgada y sumamente peligrosa. Pero es el único lenguaje que el imperio parece entender. Buscar una salida pacífica y negociada al problema en la peninsula asiática pasa necesariamente por la negociación directa entre los Estados Unidos y Corea del Norte. Y este es el objetivo trazado por el régimen de Pyongyang: obligar desde una posición de fuerza a que el imperio desista de cualquier aventura guerrerista contra Corea del Norte y sentarse en la mesa de negociaciones. Solo el tiempo dirá si la estrategia diseñada fue la correcta.
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