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La Constituyente avanza, la “media luna” viaja a Washington

¿Qué es lo que quiere la derecha en Bolivia?
Roberto Aguirre (APM)

Sectores de la “media luna” sediciosa nuevamente salen a la cacería. Esta vez quieren boicotear la Asamblea Constituyente, y poner piedras en el camino en el proceso de cambio que encabeza Evo Morales.

La historia de América Latina está plagada de recurrencias. Una de ellas es la histeria de la derecha recalcitrante, aliada de Estados Unidos, que, ante la posibilidad de que sus intereses peligren, recurre a distintos artilugios para evitarlo.

El repertorio es siempre amplio y de lo más recreativo: golpes de estado, campañas de desprestigio, desestabilización financiera y toda una batería de acciones antidemocráticas y contra las instituciones.

Por estos días, Bolivia es uno de esos casos donde la derecha ve con impotencia cómo triunfa un gobierno popular y representante de las mayorías históricamente olvidadas y marginadas. El presidente Evo Morales encabeza un proceso de refundación del país del altiplano, donde la reforma agraria, la nacionalización de los hidrocarburos, y el impulso de una nueva constitución son procesos claves para el cambio.

Los sectores de las provincias ricas, la llamada “media luna” del oriente, se empeñan en hacer fracasar la transición de Bolivia, poniendo piedras en el camino. El pasado martes, se conoció que los prefectos (gobernadores) y dirigentes de los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija amenazaron con desconocer la nueva constitución y llamar a un referéndum para buscar su autonomía, si la Asamblea Constituyente, que funciona desde agosto, no da marcha atrás con el primer punto del reglamento de debates.

Se refieren al artículo consensuado por los constituyentes, que declara a la Asamblea como “plenipotenciaria, fundacional y originaria”. Esta caracterización ubica a ese órgano por encima de los tres poderes del estado, y la reconoce como punto de fundación de un nuevo país.

La derecha, aglutinada en el oriente rico, quiere evitar a cualquier costo que el nuevo documento constitucional incluya entre sus páginas a los sectores marginados y ponga en peligro sus intereses. Por eso, pretenden subordinarlo a una pesada carga legal, herencia de años de gobiernos corruptos, colonialistas y oligarcas.

Defendiendo su posición, el presidente Evo Morales declaró que la “Asamblea tiene que tener todos los poderes, por encima de Evo Morales, por encima del Congreso Nacional, por encima del Poder Judicial. No estamos hablando de una simple reforma constitucional, estamos hablando de refundar Bolivia."

Asimismo, la “media luna” emprendió una fabulosa campaña de prensa para poner en duda la legitimidad y la representatividad de la Constituyente. Acusaron al oficialista Movimiento al Socialismo (MAS) de pretender imponer su criterio, al apoyar la mayoría automática (la mitad más uno) para la aprobación de los artículos. Esto, en detrimento de la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente que especifica la necesidad de dos tercios de los votos.

Aquí también hay una trampa. La defensa de los dos tercios de los votos, es en realidad la voluntad de hacer más fuerte a la bancada opositora, encabezada por el partido Podemos, que cuenta sólo con 72 asambleístas. Su voluntad es trabar cualquier artículo incluido dentro del documento que no se corresponda con sus intereses, aún cuando la propuesta provenga de un gobierno elegido democráticamente y que representa a las mayorías.

Por otra parte, si bien es verdad que el gobierno de Evo Morales apoya la mayoría automática para la aprobación de los artículos, no pretende de ninguna manera desconocer la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente, que en su artículo 25º (Aprobación del texto constitucional) aclara que “la Asamblea Constituyente aprobará el texto de la nueva constitución con dos tercios de votos de los miembros presentes de la Asamblea, en concordancia con lo establecido por el Título II de la Parte IV de la actual Constitución Política del Estado.”

Los dos tercios de los votos sólo son necesarios para aprobar el texto final de la constitución, tal como lo aclara la Ley. Lo que la bancada del MAS solicita, es que los artículos que deben aprobarse en comisión salgan por mayoría automática. De la misma forma en ningún momento cerró la posibilidad del diálogo y, muy por lo contrario, está dispuesto a discutir punto por punto los documentos. Es evidente que los prefectos de la “media luna” vestidos de traje y corbata, no quieren sentarse en una mesa con representantes indigenistas en sus coloridos atuendos.

Si hay algo que caracteriza a esta Constituyente, es su pluralidad y la representatividad de todos los sectores de Bolivia. En este sentido, el vicepresidente Álvaro García Linera declaró hace algunos días que "ya no son cuatro gatos, cuatro oligarcas, ni cuatro generales que se reúnen para decidir el destino de Bolivia. Hoy es Bolivia entera la que está aquí presente para asumir el reto de la construcción de nuestra nación (...) Vemos indígenas de tierras bajas, indígenas de tierras altas, profesionales, empresarios, estudiantes, jóvenes quechuas, aymaras, sirionós, guaraníes. Bolivia entera está representada en sus personas."

Mientras tanto, los sectores de la “media luna”, representados por la bancada de Podemos, ven como la Constituyente avanza, aún a pesar de su voluntad sediciosa y de desacato. En el día de ayer, se aprobaron 11 artículos del Reglamento General de Debates, los cuales se suman al artículo primero que otorga un carácter originario al magno evento. El MAS demostró que se puede avanzar respetando el disenso, y logrando alianzas estratégicas, y consiguió dos tercios de los votos. Esto frente a la perplejidad y el letargo de los constituyentes de Podemos, que se abstuvieron de votar.

Además de la Asamblea Constituyente, hay otros puntos que preocupan a los sectores de la derecha conservadora. La reforma agraria atenta contra muchas familias tradicionales que son dueñas de grandes extensiones de tierras a lo largo del país. La voluntad de Morales para acabar con los latifundios, y promulgar la pequeña agricultura para las familias pobres y los pueblos originarios, está siendo duramente acatada.

Así, mientras Evo Morales reparte tierras, y anuncia que por primera vez en mucho tiempo Bolivia tendrá superávit fiscal y cero déficit, los medios de comunicación emprenden una dura campaña en su contra. En este sentido, el Presidente afirmó que las empresas mediáticas "más hostiles" son propiedad de "latifundistas que serán afectados por la política agraria gubernamental". "He averiguado que los dueños de algunos canales de televisión que nos golpean día y noche habían sido grandes latifundistas." Nada es casualidad.

El otro gran tema que pone los pelos de punta a la derecha boliviana es la nacionalización de los hidrocarburos. Los sectores financieros de las ricas provincias orientales, asociados al capital internacional, muestran una actitud hostil frente al tema, pero con un marcado doble discurso. Primero criticaron duramente las medidas de Evo Morales, y ahora se quejan de lo lento de la implementación.

Lo cierto es que en sólo en ocho meses de gestión, y con todas las dificultades que eso supone, el plan de nacionalización está en marcha y ya da sus resultados. Antes de la aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos, el país percibía por impuestos, regalías y patentes 539 millones de dólares al año. Después de la aprobación de la nueva norma energética en 2005, Bolivia recibió por concepto de impuestos, patentes y regalías 1.107 millones de dólares beneficiando a todos los bolivianos, incluso a las regiones que se opusieron a ese proceso.


El año 2006, Bolivia percibirá por primera vez en su historia, en concepto de impuestos, regalías y patentes 1.416 llones de dólares, como efecto de la nacionalización de los hidrocarburos decretada por el gobierno del presidente orales el primero de mayo pasado.

Varios prefectos de la “media luna” viajaron recientemente a Washington en una visita que intentó permanecer oculta. Allí recibieron la bendición de Estados Unidos en su campaña para desestabilizar el proceso de cambio que encabeza el gobierno de Evo Morales. Pero no todo es mala noticia, y esto también forma parte de las recurrencias en América Latina: Si la derecha está preocupada y muestra los dientes, significa que la posibilidad de una Bolivia más justa está cada vez cerca.

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