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Aguas
sucias en el APRA
Raúl Wiener
31.05.06
De mala intención ha sido calificado el contenido del editorial
del boletín de la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos
Democracia y Desarrollo PIDHDD, que transcribí ayer y en el que
se revisa la historia no santa del APRA respecto al problema del agua,
precisamente cuando uno de los caballos locos de batalla de esta segunda
vuelta se ha centrado en una casi mágica oferta de colocarle conexión
a 500 mil limeños en los primeros meses de gobierno. Habría
que decir que aquí, la verdad es la que está resultando
especialmente mal intencionada. Lo que es además el permanente
dolor de cabeza de García. Apenas lo sacan del mundo de los discursos
y los anuncios grandilocuentes y demagógicos: vamos a superar a
Chile en cinco años, todo el mundo se da cuenta que las evidencias
de sus anteriores actos y los de su partido son pasivos demasiado fuertes
para su actual pretensión de repetirse en el sillón presidencial
y que las propuestas que está haciendo, aún las que parecen
más sólidas, están infectadas de alta improvisación
y superficialidad, que les quita valor como compromisos serios.
Estoy más que convencido que García se encontró con
el problema de los sin agua en plena campaña y lo hizo a partir
de revisar lo que iba quedando del programa de la derecha para buscar
bolsones de población y votos en sectores empobrecidos. Era la
fórmula de ofrecer inversionistas privados dispuestos a colocar
dinero para extender las redes hasta los sectores desabastecidos, a condición
que les dieran la gestión de todo el negocio de distribución
del recurso a ocho millones de limeños. El más grande negocio
de nuestra historia. Y con disfraz de humanitario. Por su lado García,
venía de mantener la fórmula de “no privatización
de Sedapal” que era coherente con las encuestas que indican que
esta es la opinión mayoritaria de los habitantes de la gran ciudad
y que además le permitía seguir influyendo en el sindicato
de esa empresa, cuyo secretario general es ahora congresista electo de
la estrella.
Ciertamente, la “no privatización del agua” alanista
se ha estado resquebrajando desde hace buen tiempo por la política
de muchos alcaldes y gobiernos regionales de esa filiación, que
se han sumado a los programas que el BID promueve en el interior del país,
para sanear las empresas municipales que los mismos alcaldes y sus partidarios
han llevado al colapso, por vía de concesiones que suponen donaciones
y créditos complementarios para los municipios, como estímulo
para ir a la privatización. Defender estas cosas le ha costado
votos al APRA en Tumbes, Huancayo, Piura y tal vez en otros lugares. Como
los vínculos con las mineras le han enajenado Cajamarca, Arequipa,
Moquegua, Tacna y Ancash. Pero que hay una ausencia total de principios
en todo esto, lo prueba, con mucha nitidez, que una vez elegido con la
bandera no privatista, el propio dirigente Herrera haya empezado a correrse
y a considerar la posibilidad de otras formas de concesión, que
serían necesarias para que García se tome prestado el plan
de la derecha. De paso, además, el secretario general y su junta
directiva, están obstaculizando el reingreso de trabajadores despedidos
que no son de su posición y afectando la licencia sindical de los
miembros de la dirigencia nacional de la FENTAP.
Así que de malas intenciones hay bastante que hablar en este asunto.
El punto es que Alan García ofrece agua inmediata a Lomo de Corvina,
Pachacútec, Jicamarca, pero no tiene como la derecha la garantía
que la Corporación Suez u otra gigante del agua, vengan a instalarse
con su gobierno y en todo caso había muy poco tiempo para intentar
un acuerdo. Por eso es que han tomado sin ningún recato los proyectos
de Sedapal, que estaban completamente armados y listos de ejecución,
pero detenidos por Sunass, SNIP, Fonafe y demás órganos
de la maraña privatista de Kuczynski, para presentarlos como aporte
propio. ¡Cómo serán de buenos, que hasta los proyectos
los tienen listos! Y esa sirvengüenzura, quieren que la callemos.
En realidad el APRA no sabe nada de agua, y esta viendo este asunto con
el peor ojo electorero. Y por cierto con sus pistolas anti guerra sucia.
Que cómo se te ocurre acordarte del agua con heces me dijeron la
otra vez, como si esto fuera un capítulo del pasado, y no existiera
el caso del alcalde aprista de Huancayo procesado actualmente por distribuir
agua con residuos fecales, afectando la salud de la población y
los derechos de las personas. Que Alan García se haya excusado
(es la palabra que corresponde) por sus pecados de juventud, no puede
ser motivo para dejar de analizar lo que han sido responsabilidades de
un gobierno que no era solo suyo y de gobiernos apristas a nivel regional
y local. Y en todos los casos el balance es lamentable.
Como dice la PIDHDD, lo que propone el plan de gobierno del APRA en política
de saneamiento: “Generar y garantizar el abastecimiento de agua
potable a la población urbana y rural que hoy no la tiene, con
participación de la inversión pública y privada”,
puede tomarse en su primera parte como una generalidad infinita, en la
que podríamos borrar “abastecimiento de agua potable”
y poner electricidad, educación, salud, vivienda y todo lo que
queramos, y parecería un principio indiscutible, que sin embargo
obvia que los que formalmente tienen el servicio padecen de muchos otros
problemas que son ignorados: racionamiento, contaminación, tarifas
desiguales, etc.; y en cuanto a la inversión privada no indica
en qué condición: como gestor o asociado, como titular de
las empresas o subcontratista, como generador de las tarifas o remunerado
por el Estado, etc., lo que define cuestiones decisivas que no pueden
pasarse por alto.
Por mejor intención que tengamos, no podemos regalarle al APRA
y a García la bandera del agua. La democracia no existe con sed
de millones de personas, es verdad; y tampoco con contaminación
del recurso; con población abastecida unas cuantas horas mientras
otros tienen piscinas y agua 24 horas del día; con empresas distribuidoras
politizadas y desfinanciadas; con políticas sin principios, que
hoy hablan contra la privatización y ya están privatizando
en varias provincias. Aguas limpias, todo el día, para todas las
personas, con gestión limpia, democrática y participativa,
es la síntesis del derecho humano al agua.
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